Ene-Feb-2014

02 La Palabra del Pastor

Emmo. Sr. Cardenal José Francisco Robles Ortega

Fijémonos cómo las tres grandes celebraciones de la Navidad: el Nacimiento, el día de la Sagrada Familia y la Epifanía, nos invitan precisamente a la fraternidad.

Cuando contemplamos en el nacimiento al niño recién nacido, nosotros comprendemos: Dios al hacerse hombre y nacer como un niño, Dios se ha hecho hermano de todos los que participamos de la condición humana, porque Dios se hizo hombre por todos y por todas sin distinción…

La Sagrada Familia cuando contemplamos a José a María y al niño, nosotros entendemos que en la experiencia de la familia humana la gran lección es saber que los nacidos en el seno de una familia somos hermanos y hermanas. La primera lección que nos enseña la Sagrada Familia es la fraternidad… Por eso no solo debemos proteger este patrimonio de la humanidad que es la familia sino que tenemos que extraer de ella las lecciones para que nuestra vida sea más humana y más cristiana.

Y la otra festividad, la de la Epifanía, la manifestación de Dios, fíjense como hombres venidos de lejanas tierras, vinieron guiados por una estrella a encontrarse con el Dios hecho hombre, en el Dios hecho hombre, en el niño Dios nacido de María, todas las naciones de la tierra, las más lejanas, las más distintas en su cultura y en su lengua en el recién nacido, Dios recién nacido, en él todos somos hermanos.

Por eso la paz tiene como fundamento y como camino la fraternidad eso nos lo recuerda el Papa en su primer mensaje de la Jornada Mundial de la paz del 1 de enero de 2014. Ojalá que a escala pequeña, a escala nuestra, nosotros nos descubramos, nos redescubramos como verdaderos hermanos y hermanas, y nos sintamos comprometidos a partir de esa plataforma, de esa base encontrar en la fraternidad un camino de relaciones verdaderamente fraternas, solo en la fraternidad, solo en la dignidad de ser todos hermanos y hermanas, buscaremos interesados el bienestar de todos. Si solamente seguimos buscando nuestro propio provecho, nuestros propios intereses, muchos seguirán siendo para nosotros como un estorbo, como un impedimento, en lugar de vernos hermanos y hermanas dignos de desarrollarse a plenitud como le debiéramos todos.

Hermanos y hermanas en torno a María la Madre de Dios y Madre nuestra comprometámonos a vivir la fraternidad que Jesucristo nuestro Señor nos alcanzó haciéndose hombre y naciendo para nuestra salvación, y a partir de esta experiencia construyamos auténticas relaciones de paz.

Así iniciemos este nuevo año que Dios nos concede con mucha fe, con mucha esperanza; iniciemos este año con esperanza, no porque se trata de futuro, de por sí el futuro es causa de esperanza, recibamos este año con esperanza porque estamos seguros de que Dios nos acompaña, Dios nos bendice, Dios nos protege, su Providencia nunca nos deja, su amor paternal nunca nos olvida, en esta certeza de la fe iniciemos este 2014 con esperanza, con entusiasmo, con responsabilidad, con solidaridad con los que menos oportunidades tienen. Iniciemos este nuevo año trabajando por construir relaciones fraternas y de paz. Que María Madre de Dios y Madre nuestra nos alcance esta gracia.

(Extracto de la homilía del Emmo. Sr. Cardenal José Francisco Robles Ortega, en la Parroquia de San Bernardo, el 1 de enero de 2014).