Mar-Abr-2017

02.- Palabra del Pastor marzo-abril 2017

Hermanos sacerdotes, hermanos peregrinos de la Iglesia que peregrina en Guadalajara, hermanos y hermanas muy amados todos en Cristo Nuestro Señor. “Yo soy la madre del amor, del temor del conocimiento y de la santa esperanza”.

Estas palabras que la Sagrada Escritura refiere a la Sabiduría, la Iglesia las aplica con mucha razón a la Santísima Virgen María, por eso yo quisiera invitarles que ante su rostro amoroso de Madre, meditemos brevemente en estas palabras.

“Yo soy la madre del amor”, cómo nos hace falta entender y vivir el mandamiento primero, el mandamiento más grande: Amarás a Dios por sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo. Así que le pedimos a la Santísima Virgen, Madre del Amor, que nos ayude a descubrirlo en toda su profundidad y que nos ayude a vivirlo en la caridad para con todos.

“Yo soy la madre del temor”, María de Guadalupe nos puede enseñar a que descubierto el amor que Dios tiene para con nosotros, tengamos miedo de ofenderle; pareciera que en nuestro tiempo ya no hay temor de ofender a Dios. No se distingue el bien del mal… María de Guadalupe nos puede hacer entender que si Dios nos ha amado tanto, hay que temer ofender al amor de Dios.

“Yo soy la Madre del conocimiento”, María nos puede ayudar no solo a conocer el amor de Dios, ella nos puede ayudar a conocer quiénes somos nosotros, de dónde vinimos y hacia dónde vamos… cuál es nuestro destino… María nos puede ayudar a conocer la verdad de quiénes somos, por qué estamos aquí, a dónde vamos, para qué son las cosas de este mundo, quiénes son los demás.

Y por último, nos dice “Yo soy la Madre de la santa esperanza”… todo el mal, todo el sufrimiento, todo lo que padecemos en esta tierra no es la última palabra, es como el anuncio de lo que vendrá: la resurrección y la vida. Cómo necesitamos de la virtud de la esperanza… La santa esperanza nos abre a Dios, que es todo para nosotros.

Así que entorno al regazo maternal, amoroso de la Madre de Jesús y de la Madre nuestra, escuchamos este hermoso mensaje suyo: Yo soy la Madre del amor, del temor, del conocimiento, de la santa esperanza; que ella nos impregne de estos dones para que volvamos a nuestros hogares, a nuestro trabajo, a nuestra Iglesia de Guadalajara, y seamos testigos, seamos mensajeros, seamos apóstoles de estos dones que María Santísima nos regala, porque es algo que necesitamos todos.

Pensemos por ejemplo en nuestra familia, pequeña o grande que sea, cómo necesita nuestra familia de sangre, conocer el amor de Dios, cómo necesita mi familia, temer ofender al amor de Dios y al amor de los demás, cómo necesita mi familia abrirse al conocimiento verdadero y abrirse sobre todo a la esperanza, y así nuestras parroquias, y así nuestros grupos y movimientos, así nuestra Iglesia toda, por eso, recibido este mensaje en nuestro corazón, volvamos a nuestra Iglesia para ser testigos, para ser misioneros, para ser apóstoles del don más grande que María nos ha hecho,: el amor de Dios, “Yo soy la madre del amor”,  y ¿quién es el amor? ¡Es Cristo!, la Madre del Amor, el amor más grande que nosotros podemos descubrir en este mundo es el amor de Dios:

Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo, para que el mundo se salve por Él” (Jn. 3, 16), “Yo soy la madre del amor”, seamos testigos misioneros, apóstoles del amor de Dios entre nuestros hermanos y nuestra Iglesia. Qué así sea.

(Extracto de la homilía del Emmo. Sr. Cardenal José Francisco Robles Ortega, en la peregrinación de la Arquidiócesis de Guadalajara, a la Basílica de Guadalupe, lunes 27 de abril de 2017).