Ene-Feb-2014

05 Peregrinacion al Santuario

“En el mes de enero del año 2003, a pocos meses de haber sido nominado Vicario General de esta Arquidiócesis, tuve el grande honor de dar la Homilía en la Misa de la Peregrinación del Clero a este Santuario; y hoy a la distancia de once años, al término de mi servicio de Vicario General de esta Arquidiócesis, el Señor me concede, en este mismo lugar, venir con mis hermanos presbíteros como peregrino a esta celebración de la Eucaristía, y en la Homilía presentarles a la Virgen de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización”.

Después de un saludo afectuoso a los presentes en el Santuario de Guadalupe, comenzando por el Nuevo Vicario General el Pbro. Lic. José de Jesús García Zamora, y con estas palabras, el Vicario General Emérito, el Pbro. José Guadalupe Ramiro Valdés Sánchez, daba su mensaje durante la celebración eucarística en el Santuario de Guadalupe el 10 de enero del presente año.

El texto que inspiró su reflexión fue la Exhortación Apostólica del Papa Francesco “Evangelii Gaudium”, “La Alegría del Evangelio” en lo que se refiere a la figura de la Virgen María (no. 284-288).

El tema es “María, la Madre de la Evangelización” y con ello hacía una relación aplicado a la Virgen de Guadalupe con estas palabras: “Ciertamente en nuestra patria…el Acontecimiento Guadalupano hizo brillar a la Virgen como Estrella de la Nueva Evangelización”.

Hacía suyas las palabras del Papa Francesco al reconocer en María, la mujer de capaz de transformar su entorno en espacios de cielo y de levantar el templo para Cristo Rey en el corazón de cada uno de nosotros. Es la amiga atenta para que no falte el vino en la vida de cada cristiano; signo de esperanza; la misionera que se acerca para acompañarnos en el camino de la vida cristiana y la madre que lucha por cada hijo de Dios y derrama la cercanía del amor de Dios.

“María, decía el Vicario Emérito, es contemplativa del misterio de Dios en el mundo, en la historia y en la vida cotidiana de cada uno y de todos. A todos los presentes los invitaba a invocar a la Santísima Virgen para que la Iglesia llegue a ser una casa para muchos, un madre para todos los pueblos y haga posible el nacimiento de un mundo nuevo”.

Con un gesto de alegría y sincera fe invitó a los presbíteros y fieles ahí presentes a hacer suyas las palabras de la oración con la cual se concluye la exhortación apostólica para que la Virgen María, Estrella de la Evangelización, ayude a resplandecer a cada uno como testimonio de la comunión; ayude en el servicio de la fe, de la justicia y de amor a los pobres, para que se difunda la alegría del Evangelio en todo el mundo.