En Guadalajara

Aquellos que provocan sufrimiento y muerte, dejen de hacer el mal. Exhorta Cardenal Robles

Alrededor de las 11.30 de la mañana inició la Misa de Bienvenida de Nuestra Señora de Zapopan en su Basílica.

Fuente: ArquiMedios  – Sonia Gabriela Ceja Ramírez

La Celebración Eucarística fue presidida por el Cardenal José Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara, y concelebrada por alrededor de 10 Obispos, entre ellos sus auxiliares, además de algunos eméritos como el señor José Guadalupe Martín Rábago y Mons. José Luis Chávez Botello, así como quienes participaron en el 1er. Encuentro Continental de Pastoral Urbana, entre ellos el Cardenal Lluís Martínez Sistach, Arzobispo emérito de Barcelona, España.

Reconocer en María a Cristo

Durante la Homilía y refiriéndose al Evangelio de Lucas que narra el pasaje de la visita de la Virgen María a su prima Isabel, el señor Cardenal aseguró que a los habitantes de Guadalajara también nos ha visitado María como a su prima Isabel y que ha llenado con alegría festiva nuestras calles.

“Ha sido vitoreada como Pacificadora, Generala, Protectora y Reina, escoltada por su guardia de honor que le da un toque solemne y que celebra su 80 aniversario, dándole un trato propio de una reina.

“María, en la imagen de Nuestra Señora de Zapopan y en su visita a Isabel lleva en su vientre a Jesús, el Redentor; María teje en su seno al hijo de Dios con la fuerza y el poder del Espíritu Santo, que es principio de vida, ‘Señor y dador de vida’, a través del cual todos podemos tener vida”, dijo.

Añadió que existe un estrecho lazo entre María y Jesús. Tan estrecho que cuando llega María llega también Jesús, cuando está María está también Jesús. Isabel recibe a María pero también a Jesús.

Señaló que el fruto en el vientre de María, no es un apéndice, es alguien distinto, pero depende de ella, porta a las primeras células del Verbo Encarnado.

“El Hijo de Dios se encarnó en el seno virginal y se desarrolló como todos los seres humanos, desde la concepción hasta su muerte. No hay cambio de persona por las etapas de su vida, es el mismo en todas las etapas de su desarrollo humano, desde su encarnación”, enfatizó.

Dios nos prometió la vida

“Una promesa es siempre una apertura a un futuro esperanzador. A que no tiene el mal la última palabra, sino la tiene aquél que es el Dios de la vida.

“La promesa de Dios no puede ser eclipsada por las tinieblas de la muerte, que siempre invade con miedos y prejuicios ideológicos. Isabel bendice el fruto del vientre de María porque en él está la vida misma, Aquél que dirá de sí mismo que es el camino, la verdad y la vida.

“El arquetipo de que todos somos imágenes y semejanza de Dios; hechura de Dios creados Hijos por medio de Cristo Jesús, quien al participar de nuestra naturaleza humana nos hace partícipes de su naturaleza divina. Por el bautismo somos hijos de Dios en su hijo unigénito, el principio que Cristo pagó por nosotros es su sangre derramada en la Cruz, que nos ha reconciliado con el Padre y nos ha hecho hermanos. Cada uno de nosotros vale la sangre de Cristo.

“Cuando Isabel dice a María ‘bendito el fruto de tu vientre’ está bendiciendo a la humanidad en él contenida, a la nueva humanidad reconciliada en el amor”.

Bendita la vida

“El Papa Francisco nos enseña que hoy se está viviendo una grave crisis antropológica, la cultura del descarte fruto de una visión capitalista ha quitado el valor a los hombres y mujeres y se les ha puesto precio. Se tasa el ser humano como si fuera un objeto que se puede comprar, vender, usar, desechar a gusto de cada quien.  Esto es un gravísimo contrasentido que nos está destruyendo, está generando un infierno de violencia, inseguridad, miedo y muerte cuya única causa es el interés de sacar dinero a costa de la vida humana.

“Este día debe resonar con fuerte voz y con profética energía nuestra oración unida a la de Isabel: Bendito el fruto de tu vientre, María. Bendito todo ser humano desde el momento de su concepción hasta el momento de su muerte natural. Bendito, en todas las etapas y circunstancias de la vida. Bendito porque tú, Madre, lo llevas espiritualmente en tu seno materno, y ante tu hijo el Juez que ha de venir a premiar a los justos queda inculpado todo aquel que desprecie la vida humana.

“Desde este Santuario me dirijo a todos los que como pastor Dios me ha confiado a mi cuidado: Basta de hacernos el mal. Basta de muertes injustas. La sangre de los muchos a los que se les ha arrebatado violenta e injustamente la vida está clamando venganza del cielo como la sangre de Abel. ¡Basta, en nombre de Dios y de María Santísima, de tanta violencia!

“No permitamos los cristianos que el valor de una persona sea tasado por dinero o por las circunstancias en las que fue concebido, sea por su condición social o de salud o cualquier otro motivo.

“El aborto, por ejemplo,  es un ejercicio de selección artificial donde la vida del ser humano se juzga a partir de parámetros no de dignidad humana sino de circunstancias reguladas convencionalmente. Esta forma de selección que determina quién tiene derecho a nacer y quién no puede ser leído e interpretado como un juicio sobre la dignidad y la valía de aquellos que sí han cumplido todos los requisitos legales para poder gozar del derecho inalienable de la vida o quienes no son gratos desde su concepción y por ello deben morir”.

No al aborto

“La aceptación legal del aborto es proclamar desde las más altas tribunas de la nación que solo en la medida que las personas son deseadas o que están sanas o que están en las mejores condiciones de existir, vale la pena que sean consideradas sujetos de derechos o no. Es condicionar los derechos humanos a criterios subjetivos.

“Una vida humana no puede ser condicionada en ningún momento de su existencia. Por ello el aborto es la puerta de entrada de todo género de violencia, porque se ejerce contra quien es incapaz de autodefensa. Se le asesina con premeditación, alevosía y ventaja. Se comete un crimen contra el más indefenso, el más inocente, contra la esperanza de la humanidad. Y si un estado pone al servicio de la muerte a quien más necesita de su protección, entonces ese estado no es justo sino que es una tiranía de muerte.

“Hoy debe resonar en nuestra conciencia social ‘bendito el fruto de tu vientre’ y debemos bendecir a cada ser humano que fue concebido en el seno generoso de una madre.

“En este momento de nuestra historia, delante de María, debemos impedir otra muerte injusta y prematura como tantas que ya ha sufrido nuestro pueblo que se ve azotado por esta espiral de violencia y de muerte que parece no tener fin.

“¿Cuál y cómo será el juicio de Dios para los que arrebataron injustamente la vida a otro hermano como Caín a Abel? ¿Qué justificación podrán tener aquellos que ponen precio a la vida sagrada de un ser humano? ¿Cómo presentarse ante el justo juez con las manos manchadas de sangre?

Dejen de hacer el mal

“Aquellos que provocan sufrimiento y muerte a sus hermanos, los invitamos desde la mirada misericordiosa de Jesucristo y desde la maternal protección de la Virgen María a que dejen de obrar el mal.

“Que sea el amor infinito de Dios el que los haga recapacitar y que los llama a ser sus hijos, a ser hermanos de aquellos que se han visto por su causa privados de la vida, de su libertad o de sus bienes.

“Desde este santuario mariano también quisiera externar mi deseo de acompañar como pastor y bendecir el dolor de tantas madres que han visto cómo arrebatan la vida de sus hijos por la mezquindad del corazón egoísta del hombre.

“Desde aquí queremos acompañar como Iglesia que busca compartir la vida nueva en Cristo el vacío que han dejado los cientos de desaparecidos en nuestra ciudad y algunos municipios de nuestro estado y de nuestro país, y consolar la profunda angustia de sus madres que no saben si todavía viven o ya han muerto”.

Queremos acompañarles

“Como Iglesia, imagen de María, queremos acompañar la maternidad de tantas mujeres que tienen que llevar un embarazo difícil y doloroso.

“También desde aquí, en la presencia maternal de María que nos mira y nos cuida con amor, hemos de profesar con íntegra fe y proclamar con gozo que la vida triunfa sobre la muerte. Que Jesús ha cargado con toda la maldad y perversidad, y que por sus llagas hemos sido curados.

“No debemos temer a la muerte porque desde el momento en que Cristo resucitó ella ya está vencida junto a sus promotores. Parece que la cultura de la muerte se impone, pero nuestra confesión de fe nos dice que Dios tiene la última palabra y esa palabra es de vida.

“Por eso hoy decimos en nombre de toda la Iglesia, en nombre de todos los seres humanos: ¡Bendita la vida! ¡Bendito el fruto de tu vientre! Amén”.