El Papa y la Santa Sede

Guardia Suiza: el SECRETO de la eficacia está en Cristo

VT-ES-ART-35019-guardia_suiza_lapresseEn el discuros de bienvenida a los nuevos reclutas el Santo Padre los animó a la paciencia, la generosidad y la solidaridad 

04/Mayo/2018, VATICANO.

ZENIT

“EL secreto de la eficacia de su trabajo aquí en el Vaticano, así como en cada uno de sus proyectos, es sin duda la referencia constante a Cristo”, dijo el Papa Francisco al recibir al Cuerpo de la Guardia Suiza el 4 de mayo de 2018. Los animó a “encontrarse con el Señor Jesús en oración comunitaria y personal, escuchando atentamente la Palabra de Dios y en la participación ferviente en la Eucaristía”.

DE hecho, el Papa recibió al pequeño ejército del Vaticano con motivo del juramento de los nuevos reclutas, que tiene lugar todos los años el 6 de mayo, en honor al sacrificio de los guardias suizos que defendieron al Papa a riesgo de perder su vida durante el “saqueo de Roma”, el 6 de mayo de 1527. “El recuerdo de este gesto heroico es una invitación constante a tener en cuenta y realizar las cualidades propias del Cuerpo”, dijo el Papa durante la audiencia: vivir con coherencia la fe católica; perseverar en la amistad con Jesús y en el amor por la Iglesia; ser alegre y diligente en las grandes como en las pequeñas y humildes tareas diarias; el valor, la paciencia, la generosidad y la solidaridad hacia todos”.

“ADMIRO la disciplina, el sentido eclesial, la discreción y el profesionalismo austero pero sereno con el que hacéis vuestro servicio diario”, dijo. Y el Papa saluda su misión como una vocación, con o sin uniforme: un guardia suizo, insistió, “siempre lo es, lo mismo estando de servicio como cuando no lo está”.

Discurso del Papa Francisco

SR. Comandante,
Reverendo Capellán,
Estimados Oficiales y Miembros de la Guardia Suiza,
Honorables Invitados,
Queridos Hermanos y Hermanas,

A todos ustedes les deseo una cálida bienvenida, especialmente a los reclutas, así como a sus familiares y amigos que querían participar en estos días festivos. Saludo con deferencia a los representantes de las autoridades suizas que han venido para la ocasión.

USTEDES, queridos Guardias, tienen la oportunidad de estar en servicio por un cierto período en Roma, haciendo una experiencia especial de la universalidad de la Iglesia. ¡Pueda este tiempo fortalecer vuestra fe y hacer crecer vuestro sentido de pertenencia a la comunidad eclesial!

LA Guardia Suiza asegura cada día un precioso servicio al sucesor de Pedro, a la Curia y al Estado de la Ciudad del Vaticano. Se trata de un trabajo cuyo fundamento es perseverar en la fidelidad al Papa, que tuvo un momento de consagración el 6 de mayo de 1527, cuando sus predecesores sacrificaron sus vidas durante el “saqueo de Roma”. El recuerdo de este gesto heroico es una invitación constante a tener en cuenta y realizar las cualidades propias del Cuerpo: vivir coherentemente la fe católica; perseverar en la amistad con Jesús y en el amor por la Iglesia; ser alegre y diligente en lo grande como en las pequeñas y humildes tareas diarias; valor, paciencia, generosidad y solidaridad hacia todos. Estas son las virtudes a las que está llamado a ejercer cuando aseguráis la guardia de honor y de seguridad en el Vaticano, como cuando no lleváis el uniforme. Una Guardia Suiza, de hecho, siempre es así, lo mismo cuando está de servicio como cuando no lo está.

ES agradable ver a jóvenes como vosotros, que mostráis consideración por los demás, y con entusiasmo y disposición hacía todos aquellos que lo necesitan. No siempre es fácil adoptar esta actitud, pero con la ayuda del Señor, es posible. Por lo tanto, no os canséis de ir al encuentro del Señor Jesús en la oración comunitaria y personal, en la escucha atenta de la Palabra de Dios y la participación fervorosa en la Eucaristía. El secreto de la eficacia de vuestro trabajo aquí en el Vaticano, como cada uno de vuestros proyectos, de hecho es la constante referencia a Cristo.

APROVECHO esta oportunidad para renovar la expresión de mi gratitud a todo el cuerpo de la Guardia Suiza Pontificia. Admiro la disciplina, el sentido eclesial, la discreción y el profesionalismo austero pero sereno con el que realizáis vuestro servicio diario. Doy gracias a Dios por los diversos dones que Él os da y os aseguro mi apoyo y mi oración para que podáis hacerlos fructíferos. Vosotros también, por favor orad por mí y ayudadme a servir a la Iglesia también con vuestra oración.

¡QUE la Virgen María, a quien honramos de manera especial durante el mes de mayo, y vuestros Santos patronos os ayuden y protejan! Con estos sentimientos, de todo corazón os doy a cada uno de vosotros la Bendición Apostólica, que extiendo a vuestros seres queridos y a vuestro país.