Proceso Diocesano

LA FAMILIA ES UN CENTRO DE AMOR.

I CONGRESO LATINOAMERICANO DE LA PASTORAL FAMILIAR.

Panamá del 4 al 9 de agosto de 2014.

El Santo Padre se ha hecho presente en este I Congreso Latinoamericano sobre la Familia por medio de un mensaje.

En esa comunicación el Papa Francisco defiende a la Familia, que más allá de sus “acuciantes problemas y de sus necesidades perentorias” es un “centro de amor”. El mensaje del Pontífice, del 8 de agosto de 2014,  está destinado a los participantes del Congreso que se celebra en Panamá con el tema “Familia y desarrollo social para la vida plena”. El Papa define a la familia como “un centro de amor” donde reina la ley del respeto y de la comunión, y que es “capaz de resistir los embates de la manipulación y de la dominación” de lo que define como “centros de poder mundanos”. En el hogar familiar, la persona se integra natural y armónicamente en un grupo humano, superando la falsa oposición entre individuo y sociedad.

En el seno de la familia nadie es descartado: tanto el anciano como el niño hallan acogida, afirma el Papa. El Obispo de Roma cita la encíclica de Benedicto XVI, “Cáritas in Veritate”, al señalar que la familia constituye una gran “riqueza social” que aporta “estabilidad y fecundidad”. La estabilidad se debe a que las relaciones basadas en “el amor fiel hasta la muerte”, como el matrimonio, la paternidad o la hermandad, que se aprenden en el núcleo familiar. Por otro lado, la fecundidad se produce porque la familia, continúa, “amplía el horizonte de la existencia” a los individuos, generando “un mundo nuevo”

La Familia nos hace creer, contra toda desesperanza y derrotismo, que una convivencia basada en el respeto  y en la confianza es posible. Frente a una visión materialista del mundo, la familia no reduce el hombre al estéril utilitarismo, sino que da cauce a sus deseos más profundos” subraya el Papa Francisco, que concluye su mensaje a las familias invocando a la Virgen de Guadalupe para que bendiga “a los hogares de América y los haga semilleros de vida, de concordia y de fe robusta, alimentada con el Evangelio y las buenas obras”

ORGANIZACIÓN.

El I Congreso ha sido organizado por el Departamento de Familia, Vida y Juventud del CELAM, la Arquidiócesis de Panamá, el Pontificio Instituto Juan Pablo II. El lema ha sido “Mi familia y yo serviremos al Señor” el lugar fue el hotel Playa Bonita de Panamá.

El I Congreso tuvo un doble objetivo: Por un lado, impulsar la reflexión, desde las ciencias sociales, la teología y la pastoral, sobre la familia como fuente de riqueza social, para reforzar el sentido del valor social de la familia y promover su ser y su misión en el ámbito social y eclesial como discípula misionera vital para la vida plena y la comunión misionera en el continente; y por otro lado, ha sido un Congreso donde la protagonista ha sido la familia, pues la coordinaron parejas de matrimonios y se tuvieron testimonios y experiencias de vida .

Los temas fueron:

1.- Familia y Educación.

2.- Familia y Comunicación.

3.- Familia y Vida (Políticas públicas)

4.- Familia y Economía.

5.- Familia y Evangelización.

EN EL PANORAMA DEL SINODO SOBRE LA FAMILIA.

El I Congreso Latinoamericano de la Familia  ha querido responder al interés de la Iglesia en el continente sobre la familia y el desarrollo social para la vida plena en este continente. No solamente ha buscado dar respuesta a la necesidad expresada por los agentes de Pastoral Familiar de América Latina y el Caribe, sino también a las opciones de la Iglesia subrayadas en Aparecida, en donde la Familia es una opción preferencial.  En América Latina, en muchas de nuestras familias cristianas, urge fortalecer un sólido discipulado misionero debilitado por el vínculo familiar y social, lo cual está llevando a la sociedad en general, a una ausencia de identidad y pertenencia.

La familia está llamada a ser protagonista de la convivencia social, mediante los valores que contiene y trasmite, a través de la participación de sus miembros en la vida de la sociedad. Familia y sociedad están estrechamente  vinculadas por nexos vitales y orgánicos, en cuanto la primera constituye el fundamento y la fuerza vital dela segunda por su servicio a la vida humana en su totalidad.

En la familia nacen los ciudadanos, y cada neonato es una “partícula” de aquel bien común, en la cual las comunidades humanas arriesgan la supervivencia; en el hogar la persona es el centro de atención y se la trata como fin y nunca como medio; por eso, proteger a las familias es la mejor garantía contra cualquier querencia antihumana; en la familia se experimenta la sociabilidad, se inicia el ejercicio de las responsabilidades sociales y de las actitudes necesarias para un buen funcionamiento de las relaciones humanas; en ella se inculcan, desde los primeros años de vida, los valores morales y se trasmite el patrimonio espiritual y cultural en el que se vive.

Como la familia es la célula vital de la sociedad, la estabilidad de ésta dependerá estrechamente de la estabilidad de las familias que la componen: sin familias honestas y estables, la sociedad se debilita.

El esfuerzo para alcanzar esta estabilidad familiar atañe principalmente a las mismas familias: para resolver las cuestiones que les afectan directamente, las familias deben convertirse en “protagonistas” de la vida social, influyendo en las decisiones institucionales, mediante la propuesta de soluciones idóneas y el empeño en que se lleven a cabo. Por ello este Congreso ha realzado la familia como institución social que media entre el individuo y la sociedad, como elemento socializador, personalizador y educador que fomenta la libertad y la responsabilidad.

No olvidamos que el reconocimiento de la familia es un estímulo para superar una perspectiva social puramente utilitarista, en favor de la cultura de la donación. Esta cultura facilita el reconocimiento de los criterios adecuados para resolver los problemas sociales –trabajo, hogar, salud, educación, etc. y, más en general, promueve la protección de los derechos personales.

Se ha resaltado que muchas veces estos derechos de la familia, no siempre son respetados. Frente a estos abusos, la Iglesia se esfuerza en defender y promover los derechos de la familia. Expresión patente de este compromiso es la Carta de los derechos de la familia, publicada por la Santa Sede; esta Carta es un punto de referencia para la protección y promoción de la familia como sociedad natural y universal, sujeto de derechos y deberes precedentes al Estado.

Con este I Congreso Latinoamericano que se ha realizado en Panamá, nos preparamos para el Sino de la Familia a realizarse en el mes de octubre de 2014.