Acontecimientos Diocesanos

MISA CRISMAL. El Espíritu Santo actúa el hoy de la salvación

Sólo por Cristo nos viene la salvación;  por el poder y la fuerza de su Espíritu.

26/ Abril/ 2017. Guadalajara, MÉXICO

Pbro. Benjamín Martín Del Campo.

El pasado 13 de abril, Jueves Santo, se celebró la Misa del Crisma en la Catedral Metropolitana, presidida por el señor arzobispo, Su Eminencia el Cardenal José Francisco Robles Ortega, concelebrada por el señor Obispo auxiliar Monseñor Juan Humberto Gutiérrez Valencia, el señor Arzobispo emérito de León Monseñor José Guadalupe Martín Rábago y probablemente más de medio millar de presbíteros, tanto religiosos como diocesanos. Estuvieron también presentes los delegados de las parroquias de la Diócesis que llevarían los óleos bendecidos y el Santo Crisma a sus comunidades.

En punto de las diez de la mañana dio inicio la celebración Eucarística en la que se recordó de manera particular a aquellos clérigos que en este año cumplen veinticinco, cincuenta y sesenta años de ordenación presbiteral, muchos de los cuales concelebraron.

A tenor del ritual se proclamaron las lecturas que la liturgia ofrece para esta celebración, las cuales tienen como contenido fundamental la unción por medio del Espíritu Santo, tema que fue comentado por el señor Cardenal en su homilía.

Al tomar la palabra, después de contextualizar la celebración, el señor Arzobispo comenzó advirtiendo: conviene reflexionar en la participación tan importante, decisiva, esencial, de Dios Espíritu Santo en estos misterios Y citando el pasaje del Evangelio del inicio del ministerio de Jesús en la sinagoga de Nazaret afirmó: en efecto, el Espíritu Santo, unió todo el poder de la divinidad a nuestra pobre humanidad, e hizo de Cristo sacramento visible y original de salvación. Sólo por Cristo nos viene la salvación a nosotros, por el poder y la fuerza de su Espíritu. Sólo por el poder del Espíritu, nosotros, comunidad de discípulos de Cristo podemos ser, en el mundo, como sacramento de la unión de los hombres entre si y de los hombres con Dios. Sólo por el poder del Espíritu la materia de los sacramentos es causa de participación de la vida de Dios en nosotros y de la salvación.

A partir de ahí, el purpurado profundizó en la manera en que el Espíritu Santo obra a través de los óleos en los sacramentos enfatizando cómo por medio de estos, y gracias al mismo Espíritu Santo, Cristo permanece presente y actuante en el “Hoy” de la salvación por medio de los sacramentos. De este modo exhortó a los presentes a dejarse renovar por la presencia poderosa del Espíritu Santo para que resplandezcan la fe y la salvación.

Posteriormente, dirigiéndose a los presbíteros ahí presentes, explicó el sentido de la renovación de las promesas sacerdotales. A la pregunta sobre el sentido de esta renovación afirmó: el sentido principal de esta renovación –de las promesas sacerdotales- es reconocer la fidelidad de Dios (…) que permanece fiel, más allá de nuestras pobrezas, de nuestras limitaciones, de nuestras faltas y pecados. Así mismo, dijo que esta renovación es también una humilde petición a Dios para que nos conceda ser fieles.

Nuestra vida sacerdotal –continuó diciendo el prelado- se cimienta en tres fidelidades. La primera: fidelidad a sí mismos, conscientes de nuestras limitaciones y capacidades; la segunda: fidelidad a un valor que le dé consistencia y sentido a nuestra vida. Este valor es el Reino de Dios en el seguimiento de Cristo, concretamente como discípulos sacerdotes ministeriales; la tercera fidelidad es al momento histórico que nos ha tocado vivir. Fidelidad a nuestros hermanos y hermanos a quienes nos ha tocado servir. En una palabra, fidelidad a la Iglesia. Concluyó este punto recordando que la fe es requisito indispensable para la fidelidad y pidiendo para quienes renovaran este compromiso la gracia por parte de Dios de ser fieles.

Al concluir la homilía, previa invitación del señor Cardenal, los presbíteros renovaron las promesas hechas en la ordenación sacerdotal. En seguida se llevó a cabo, antes del ofertorio, la bendición del óleo de los catecúmenos y del óleo de los enfermos, así como la consagración del santo Crisma, que serían distribuidos a todas las comunidades parroquiales de la Diócesis.

EL resto de la celebración transcurrió en el mismo clima de piedad y recogimiento, motivado por el canto, ministerio que corrió a cargo de los alumnos de la Escuela Superior de Música Sacra, quienes interpretaron la misa Choralis de Licinio Refice.

Así, se llevó a cabo, una vez más, uno de los momentos más significativos que cada año marcan la vida diocesana de Guadalajara.