Equipo Base de la Vicaria

RENOVACIÓN DE ESTRUCTURAS UN PASO DE NUESTRO CAMINO PASTORAL

0Reflexión compartida en la Jornada de Vicarios Episcopales y Decanos de nuestra Arquidiócesis, un paso adelante para Renovar nuestras estructuras.

PBRO. DR. JOSÉ MARCOS CASTELLÓN PÉREZ

RENOVACIÓN DE ESTRUCTURAS

UN PASO DE NUESTRO CAMINO PASTORAL

 

1. LA acción pastoral de la Iglesia prolonga, en el espacio y en el tiempo, la obra mesiánica de Jesucristo, el Buen Pastor, que con su muerte y resurrección nos ha redimido de nuestros pecados, nos ha incorporado a su Cuerpo y nos llama a participar de su vida eterna. La Iglesia realiza aquí y ahora la salvación de Jesucristo, adelantando el Reino escatológico, del que la Iglesia es verdadera realización, pero del que también es simiente, preparación. Por esta razón, cualquier acción pastoral siempre será una presencia del Reino “ya” presente, y una esperanza del “todavía no” plenamente. De ahí que todo plan, toda meta, todo proyecto, toda actividad pastoral no puede agotar la riqueza del Reino, pero debe ser una presencia real. Este carácter escatológico de la identidad de la Iglesia, y por ello de toda actividad eclesial, nos revela que se trata de un proceso.

 

Proceso pastoral

2. PROCESO es la sucesión de acciones realizadas con cierto orden en un determinado tiempo y que se dirigen a una finalidad; hace referencia a una meta ideal que se proyecta en el futuro y se va alcanzando progresivamente en cada paso o en cada etapa que se da. Al hablar de proceso pastoral nos referimos a la consciencia de que todas las acciones pastorales deben ser hechas de forma ordenada y progresiva por medio de un plan pastoral y encaminadas al fin para el cual existe: evangelizar. En el proceso pastoral tenemos claro de dónde partimos, a dónde vamos y dónde estamos.

 

3. HEMOS de ser agradecidos con el Buen Dios que ha dotado a la centenaria Iglesia de Guadalajara con abundancia de dones y carismas para ser la Esposa fecunda que da vida nueva y la recibe de su Esposo, Jesucristo. Desde la etapa de la primera evangelización hasta esta de la nueva evangelización hemos recorrido los pasos de una historia de salvación que se concreta en santidad de vida, en heroísmo valiente frente a tantas dificultades y en una generosa caridad cristiana. Agradecidos por los dones pasados, pedimos al Señor enfrentarnos con audacia misionera y alegre esperanza a los nuevos desafíos que el tiempo actual presenta a la evangelización.

 

4. LA nueva evangelización, que en América Latina se ha llamado también Misión Continental, reclama nuevo ardor, nuevos métodos y nuevos lenguajes para ser comprensible, testimonial y significativo el mensaje perenne del Evangelio a nuestros contemporáneos. Tenemos una guía clara y precisa en la Exhortación Evangelii Gaudiumdel Papa Francisco y en el Documento de Aparecida, que han iluminado el VI Plan Diocesano de Pastoral. Estos documentos nos invitan a ser una Iglesia misionera, que sólo lo podrá ser si vive intensamente su misterio de comunión y participación en espíritu sinodal, pues “en un mundo dividido por las guerras y las discordia, la Iglesia resplandece como signo de unidad, de concordia y de paz”[1].

 

 

 

Metodología participativa

5. A su llegada como pastor de esta Iglesia de Guadalajara, el Sr. Cardenal José Francisco Robles Ortega eligió la metodología participativa para la elaboración del VI Plan Diocesano de Pastoral. La razón es porque ésta da razón práctica del misterio de la Iglesia como comunión y participación. La Asamblea Pastoral es la expresión tanto del ser de la Iglesia como de la metodología participativa. La Asamblea Pastoral se realiza como en círculos concéntricos comenzando en la parroquia o en las secciones, luego en los decanatos y vicarías o comisiones, para culminar en la Asamblea Diocesana, como punto de llegada y también de partida del proceso pastoral.

 

6. CADA  Asamblea es un paso que vamos dando: la primera tuvo como resultado el objetivo; la segunda, las líneas comunes; la tercera, el impulso de compromiso de los agentes de pastoral; la cuarta, las periferias existenciales y la quinta, la necesidad de renovar las estructuras. Entendemos por estructuras eclesiales tanto las de la pastoral territorial (parroquia, decanato, vicaría), la pastoral funcional (comisiones, secciones o dimensiones), así como las administrativas (curia, vicaría diocesana de pastoral) y las de formación (seminario y universidades o institutos). Todas las estructuras deben revisarse y renovarse para que sean auténticamente evangelizadoras.

 

Renovación de estructuras en la SE

7. ETIMOLÓGICAMENTE  renovar proviene del verbo sustantivado latino: renovatio, que puede ser entendido como hacer algo como nuevo. En el NT se utilizan tanto la palabra griega néoscomo kainóspara referirse a algo nuevo. Néoses lo nuevo en relación con el tiempo, por lo que puede ser utilizada también para designar lo joven; kainóses lo nuevo en relación a la cualidad de algo, matices o aspectos que se descubren y que antes estaban ocultos u opacados por el olvido. Así, renovarse podría significar rejuvenecer o regenerarse. En general para la SE el concepto de renovación está estrechamente vinculado con el de la Alianza, la que, frente al olvido e infidelidad de Israel, Dios quiere renovar y sellar definitivamente en su Hijo Jesucristo.

 

8. MEDIANTE la Alianza, Dios quiere llevar a todos los hombres, como miembros de un pueblo elegido, a vivir en comunión con él. Esta Alianza se renovaba en momentos cruciales de Israel, pero será motivo de una mayor profundización por los profetas, que denuncian la infidelidad de Israel e invitan a la conversión, es decir, a retomar las exigencias de la Alianza. La conversión de Israel exige la renovación de las estructuras fundamentales del Pueblo de Dios: el Templo y la monarquía. Para los profetas esta necesidad de renovación no está sólo en aspectos jurídicos, sino esencialmente algo espiritual, con una connotación incluso afectiva, revelándola  como un pacto de amor incondicional e infinito de Dios por su pueblo Israel.

 

9. JESÚS viene a renovar la Alianza y a sellarla definitivamente. En la Última Cena Jesús anuncia y anticipa la renovación de esta Nueva Alianza por la sangre que se derrama para la remisión de los pecados. Esta Nueva Alianza ya no es de orden legal o jurídico, sino del espíritu, haciendo de los redimidos nuevas criaturas, con un altísima dignidad de ser “pueblo sacerdotal, regio, nación santa” (1Pe 2,9). Para el NT, la renovación de la Alianza tiene que pasar necesariamente por la conversión.

 

10. LA conversión es un imperativo en el seguimiento de Jesucristo que implica una transformación en la forma de pensar y que repercute en las actitudes y en los comportamientos. En Mc 1,15, la conversión no es primeramente el dejar una vida malvada, sino el acoger en el corazón el Reino que viene por gratuidad y comenzar a tener la mirada de Dios, ampliar los horizontes humanos por la mirada misericordiosa de Dios y en ello comenzar una nueva vida de relación con Dios como Padre y de los otros como hermanos. En el espíritu de la SE es muy difícil pensar en la conversión individual al margen de la conversión del pueblo y de la renovación que ello implica de sus estructuras.

 

11. EL libro de los Hechos de los Apóstoles (2,42; 4,32) nos presenta un ideal de Iglesia, que siempre debe ser paradigma para la conversión pastoral y para la consecuente renovación de estructuras. Hay elementos claves como la perseverancia en la enseñanza de los Apóstoles, la fracción del pan, la comunión que lleva a tener un solo corazón, la oración común, la vivencia de la unidad y de la participación en los bienes en común, que permitía que nadie pasara necesidad. Podemos decir que en estos versos se contienen los rasgos esenciales de la Iglesia y de su acción pastoral. El principio de renovación no puede ser otro que el escuchar al Espíritu de Dios.

 

Renovación de estructuras como conversión

12. DE la panorámica bíblica, la renovación tiene una fuerte indicación a la conversión, y tratándose de un mandato a la renovación de estructuras pastorales, como lo indica la V Asamblea, se trata tanto de una conversión personal de los agentes de pastoral, como de una conversión pastoral de métodos y estructuras pastorales. El Papa Francisco señala que una característica esencial de la pastoral es su itinerario en un proceso de conversión, como camino de renovación en fidelidad a su vocación. Aquí radica lo esencial de la conversión pastoral y de la renovación de las estructuras: que la Iglesia sea fiel al sueño de su fundador, que sea lo que Jesús quiso de ella: “Tal como Cristo la quiso y la amó como Esposa suya santa e inmaculada” (EG 26).

 

13. NO hay renovación sin una clara referencia a la propia identidad. El Papa Paulo VI nos enseña que esta renovación será posible en la medida en que demos cauce al “deseo de confrontar la imagen ideal de la Iglesia, tal como Cristo la vio, la quiso y la amó como esposa santa e inmaculada y el rostro real que hoy la Iglesia presenta… Brota, por tanto, un anhelo impaciente de renovación, es decir, de enmienda de defectos que denuncia y refleja la conciencia, a modo de examen interior frente al espejo del modelo que Cristo nos dejó de si” (ES 7.9).

 

14. EL Documento de Santo Domingo por primera vez utiliza la expresión de “conversión pastoral” cuando afirma: “La Nueva Evangelización exige la conversión pastoral de la Iglesia… lo toca todo y a todos: en la conciencia, en la praxis personal y comunitaria, en las relaciones de igualdad y autoridad; con estructuras y dinamismos que hagan presente cada vez con más claridad a la Iglesia, en cuanto signo eficaz, sacramento de salvación universal” (30). San Juan Pablo II también habla de ello en la TMA y en NMI poniendo como finalidad de la conversión a Jesucristo, como condición de toda renovación; sólo volviendo los ojos a Jesús podemos ser como Jesús. Una renovación que no mire a Jesucristo, corre el riesgo de hacer una nueva iglesia conforme a los criterios humanos; no se trata de hacer una nueva iglesia a nuestro gusto, sino precisamente en prescindir de nuestros propios imaginarios eclesiales para asumir sólo la “eclesiología” de Jesús.

 

15. EL Documento de Aparecida dedica, de forma mucho más prodiga, algunos números a la conversión pastoral (365-372) y la coloca, como lo hace el Papa en la EG (27), como una necesidad permanente para que la Iglesia sea más misionera, es decir, para que sea más ella misma y cobre y recobre constantemente su identidad, su esencia misionera y evangelizadora. De la misión se debe impregnar todo: las estructuras, planes pastorales y cualquier institución o estructura de la Iglesia; incluso, si fuera necesario, se han de abandonar estructuras caducas que no favorezcan la transmisión de la fe. “La conversión pastoral… exige que se pase de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera… con nuevo ardor misionero” (DA 370). Aparecida enseña que la conversión pastoral es que la Iglesia sea lo que es: sacramento de salvación para el mundo de hoy y cumpla esta misión con la tarea que Cristo le encomendó: evangelizar; sólo desde su identidad y misión la Iglesia podrá convertirse y llevar a los hombres y mujeres de hoy el mensaje liberador de Jesucristo y la vida nueva en él.

 

16. HEMOS de tener el cuidado, cuando hablamos de la conversión pastoral y la consecuente renovación de estructuras, de no hacer un examen en orden a la eficacia o a una reestructuración autorreferencial, querer  pretender poner a la Iglesia como el centro de todas nuestras preocupaciones, pues sólo Jesucristo es el centro. La mirada en todo proceso de renovación pastoral tiene que ser dirigida a Jesús de Nazaret, como lo mencionaba el Papa San Juan Pablo II. Lejos de esa mirada nos convertimos en ácidos críticos de todos y de todo so pretextode un supuesto amor a la Iglesia, lo que sembraría pesimismo y desgana y que no tiene su raíz en el Evangelio sino en la soberbia individualista que juzga a partir de un modelo personal de iglesia, renunciando a la única Iglesia de Cristo. Por tanto, el deseo de renovación debe tener su origen en el re-encontrarnos con Jesús, entusiasmarnos por su proyecto, en compartir su pasión por el Reino y en la mirada de amor por su Iglesia, tan necesitada de reforma, comenzando por uno mismo.

 

Espiritualidad de comunión, exigencia de toda renovación

17. LLAMA a atención, por lo que propone la V Asamblea Diocesana de Pastoral como criterio de renovación de estructuras (la comunión sinodal), que tanto el Documento de Aparecida como el Papa Francisco en la EG, cuando hablan renovación de estructuras la colocan como una exigencia de la conversión pastoral y en ésta juega un papel de suma importancia la espiritualidad de comunión. “La conversión de los pastores nos lleva también a vivir y promover una espiritualidad de comunión y participación” (DA 368). La espiritualidad de comunión no se trata de una mejora en la operatividad estratégica de las diversas tareas o ministerios, sino de una vivencia de la Iglesia que como Cuerpo de Cristo, goza de diversos ministerios, carismas, dones y servicios del Espíritu Santo que favorecen la unidad orgánica, da vitalidad a la misión y es testimonio de armonía y paz. Sin duda, la comunión vivida como espiritualidad repercute en acciones concretas que hacen atractivo y creíble el anuncio del Evangelio al expresar el amor de Dios vivido en cada una de las relaciones interpersonales, pues fortalece la comprensión, el afecto fraterno, la conciencia y el agradecimiento de las cualidades y virtudes del hermano, de las cuales Dios se vale para evangelizar[2].

 

Los consejos pastorales, expresión de sinodalidad

18. UNA concreción de esta espiritualidad de comunión está en la formación de diversos consejos en todos los niveles promovidos por el mismo Obispo, reconociendo que el nombre de la Iglesia es Sínodo: saber escucharnos y caminar juntos. La sinodalidad se realiza en la capacidad de escucha recíproca, es decir, la escucha a Dios escuchando a los demás y la escucha a los demás escuchando a Dios, experiencia que hemos gozado en nuestras diversas asambleas pastorales.“El clima de la Asamblea Diocesana es de fraternal solicitud por escuchar lo que el Espíritu nos está diciendo por medio de la voz del que toma la palabra”[3]. De esta manera, la autoridad ministerial no se realiza como el ejercicio autoritario y arbitrario de poder, semejante a «los jefes de las naciones que dominan sobre ellas y poderosos que les hacen sentir su autoridad» (Mt, 20,25), aunque tampoco se trata de un poder democrático, en el que se escucha sólo horizontalmente, pero no a Dios, y por ello en la democracia las decisiones corresponden a mayorías y no a la voluntad divina.

 

19. LA capacidad de escucha se concreta pastoralmente en una diócesis en la actitud de consejo, que en pastoral se hace en la forma de consulta y que el Derecho Canónico prevé en la creación de instancias consultivas en la Iglesia como organismos de comunión[4]. Las asambleas, de hecho, tienen esta función, como lo menciona el folleto de la naturaleza de la Asamblea: “La Asamblea Diocesana es una instancia consultiva del Sr. Arzobispo… es un medio de comunión y participación que permite el ejercicio de la corresponsabilidad de todas las instancias eclesiales, tanto de la pastoral territorial como de la pastoral funcional, de la vida consagrada y de todas las instituciones y estructuras de la Iglesia”. Pero la Asamblea no es la única instancia de consulta, pues existe también el Consejo Diocesano de Pastoral.

 

20. EL Consejo Pastoral es la expresión estructurada de una forma de ser Iglesia, una Iglesia sinodal, capaz de escuchar a todos sus miembros, por ello es el espacio privilegiado para que el Arzobispo escuche la voz de aquellos que la Providencia le ha confiado para su pastoreo, especialmente a los que cooperan con él en la tarea de la evangelización (cf. LG 27), conforme el ministerio, carisma o servicio ejercido de cada uno en la Iglesia; de tal forma, que sea un mecanismo de comunión y participación para que, por medio del diálogo pastoral, se fomente en la acción pastoral una comunión dinámica, abierta y misionera (cf. EG 31), una auténtica pastoral orgánica y de conjunto.

 

21. EL Consejo de Pastoral debe estar conformado por quienes representan a todas las estructuras e instancias eclesiales y todos los ministerios, carismas y servicios. Por tanto, deben participar en él representantes de la pastoral territorial y funcional, del presbiterio, de la vida consagrada y de los laicos. En éstos últimos, el Arzobispo puede recurrir a su prudente consejo en cuanto que están insertos en todas las realidades del mundo, donde se exige a la Iglesia una mayor audacia misionera (cf. LG 37). En cuanto representantes, se supone la experiencia de participación articulada de las estructuras e instancias básicas e intermedias por medio de los mecanismos de participación que cada estructura o instancia eclesial establezca.

 

22. LOS miembros del Consejo Pastoral son todos convocados y presididos por el Arzobispo y tienen una función sólo consultiva siempre en orden a la acción pastoral, lo que delimita sus funciones y determina sus relaciones con otros Consejos o Colegios establecidos en la Arquidiócesis[5]. El Arzobispo tendrá siempre la libertad en conciencia de actuar libremente en cada cosa que se trate en el Consejo Pastoral en orden a la operatividad de las tareas pastorales. Los miembros, además, deben tener como característica principal su espíritu de comunión con la Iglesia, destacar por la fe, las buenas costumbres y la prudencia, deben ser elegidos y nombrados por el Arzobispo con el criterio de representatividad, teniendo en cuenta las condiciones geográficas, sociales y eclesiales.

 

23. ESTA  propuesta del Consejo Diocesano de Pastoral se inserta en el proceso pastoral de la Arquidiócesis y en el marco del mandato de la V Asamblea de renovar las estructuras eclesiales, siguiendo los criterios de espiritualidad de comunión, sinodalidad, comunión y participación. A fin de no hacer del Consejo Diocesano de Pastoral una super-estructura más, sin vida, conviene que reflexionemos sobre la participación y la representación desde las estructuras básicas, lo que nos llevaría a todos a una revisión sincera y teniendo como único modelo la Iglesia que Jesús quiere.

 

Participación en la Iglesia

24. LA Iglesia es el Pueblo santo de Dios, conformado por todos los bautizados, que en virtud de este sacramento se han convertido en discípulos misioneros y, por tanto, en agentes evangelizadores (cf. EG 119-121). Estos generalmente tienen su campo de acción pastoral en la comunidad parroquial, espacio privilegiado en donde las personas pueden tener la experiencia concreta de Iglesia, de ser y de palpar la Iglesia de Cristo. Por ello, el Papa Francisco, cuando habla de la renovación de estructuras, se refiere particularmente a la parroquia, “capaz de reformarse y adaptarse continuamente, [en cuanto…] es presencia eclesial en el territorio, ámbito de la escucha de la Palabra, del crecimiento de la vida cristiana, del diálogo, del anuncio, de la caridad generosa, de la adoración y de la celebración” (EG 28). Las otras estructuras e instancias eclesiales están en función de la comunidad parroquial, por ello no deben perder el contacto con ella y buscar siempre integrarse en ella.

 

25. EN la parroquia es donde todos los cristianos tienen espacio para la participación conforme a sus propios carismas, y donde se ejercen los diversos ministerios y servicios. Participar significa, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, “tener o ser parte en una cosa” o “compartir algo”. En la parroquia todos los bautizados “son parte” de la Iglesia y participan, por el bautismo, del ministerio profético, sacerdotal y regio de Jesucristo, en cuanto que son miembros de la Iglesia, Cuerpo de Cristo. Por otra parte, también “comparten” el Pan de la Eucaristía y los bienes, tanto espirituales como materiales. Dentro de los bienes espirituales están los carismas, gracias especiales que el Espíritu Santo derrama sobre algunas personas para el enriquecimiento de la Iglesia y en vistas a la evangelización, es decir, para hacer presente a Cristo y su Reino.

 

Participar en la parroquia

26. LA parroquia es la experiencia eclesial básica por la proximidad, de tal forma que en ella se comparten problemas comunes, necesidades básicas, esperanzas e ilusiones, proyectos, que se realizan en beneficio común de la comunidad. La participación, por ende, tiene un significado de pertenencia, lo que puede fundamentar la legitimidad de todas las acciones pastorales realizadas por cualquier bautizado, siempre y cuando se hagan en comunión eclesial y contribuyan a ella. En la parroquia es donde se pueden desarrollar liderazgos eclesiales y sociales, y se pueden generar verdaderos procesos bien estructurados que respondan a la realidad concreta de la comunidad parroquial. Sin embargo, también se tiene la experiencia de la participación de forma extra-parroquial, de manera especial de aquellos que son parte de las Comisiones de la pastoral funcional y de sus respectivas Secciones y Departamentos, así como de la Vida Religiosa y del Seminario.

 

Cualidades de la participación

27. LA participación implica la capacidad de hacer análisis, de reflexionar, la creatividad para proyectar y el ofrecimiento de propuestas de solución a los problemas reales, así como de imaginar “utópicamente” la sociedad futura. Supone una serie de valores como la solidaridad, la honestidad, la transparencia, la humildad, la búsqueda del bien común. Exige el reconocimiento y la estima de los diversos carismas, servicios y ministerios, así como de aquellos que ejerecen cualquier tipo de liderazgo positivo en la sociedad. Garantiza la comunión en el pluralismo, la diversidad en la unidad. Genera hábitos de interacción y deliberación comunitaria.

 

Niveles de participación

28. PODEMOS mencionar varios niveles de participación: El primer nivel es el personal, donde cada miembro de la Iglesia participa de la vida divina y del ministerio de la Iglesia por medio de los sacramentos, de la oración personal, de la formación cristiana y por medio del vivir la ética del amor cristiano en las acciones cotidianas, así como cuando se anuncia con palabras u obras la verdad del Evangelio. El segundo nivel es el comunitario, cuando se toma parte en las actividades de la comunidad prestando algún servicio, ejerciendo algún ministerio o compartiendo algún carisma. El tercer nivel es el institucional o de representación, que recoge la voz de aquellos que representa para hacerla oír en las instancias superiores o donde se toman las decisiones sobre la vida de la Iglesia diocesana, así como es portavoz de estas instancias diocesanas en los pequeños grupos o comunidades.

 

Equipo Coordinador Básico

29. EL Equipo Coordinador Básico (ECB) es la primera experiencia de representación eclesial presidido por el equipo presbiteral y formado por los coordinadores de pequeñas comunidades, asociaciones pías, movimientos y grupos funcionales. La participación de los miembros del ECB es correlativa a la participación de aquellos que representan, por ello, es un equipo donde todos forman parte en la toma de decisiones, se coopera de manera corresponsable en las tareas pastorales y donde se puede pedir la actuación responsable de quienes tienen algún ministerio o servicio, expresiones de una vivencia básica en los grupos representados. La experiencia de participación en el ECB debe ser la experiencia de participación en todos las instancias en él representadas, por ello, manifiesta así una forma de ser Iglesia sinodal, de comunión y participación.

 

30. EQUIPARABLE al ECB parroquial, con sus matices, son las reuniones de las comisiones de la pastoral funcional con sus respectivas secciones, de la Vida Religiosa con los diversos representantes de las comunidades religiosas, del Seminario con las reuniones con los delegados de pastoral. Por ello, lo que se dice del ECB en la pastoral territorial, se puede decir, tanto cuanto, de las estructuras de la pastoral funcional.

 

Representación, tercer nivel de participación

31. LA representación, decíamos líneas arriba, es el tercer nivel de participación, lo que supone la experiencia vivida del nivel personal y del nivel comunitario, es decir, que los representantes siempre deben ser personas que participen de forma personal de aquellos medios que nos ofrence la gracia y presten un servicio conreto en su pequeña comunidad básica, de la que son representantes. El primer órgano de representación es el ECB parroquial y es el más importante pues de él depende la vida de la Iglesia en la parroquia, donde se vive concretamente, como se ha dicho, la experiencia de Iglesia; sin olvidar que existen otros órganos o estructuras de representación pastoral también básicos como las reuniones que convocan las bases de servicio de la pastoral funcional. Conviene resaltar que en los equipos eclesiales del decanato y de la vicaría episcopal deben participar como representantes sólo aquellos que han participado ya en en el ECB parroquial de forma activa, si no se diluye el sentido auténtico de la representatividad.

 

32. LA representación en órganos intermedios (equipo eclesial decanal y vicarial) y en los diocesanos como el Consejo Diocesano de Pastoral e incluso en la Asamblea Pastoral, permite que el trabajo pastoral de toda la Iglesia sea más eficiente y eficaz porque permite la toma de decisiones, mediante el discernimiento pastoral, de pocas personas que actúan en nombre de todos los que son miembros de la Iglesia.  Además que así hay una mayor rentabilidad del tiempo y de los recursos, como una logística más sencilla y expedita, que sería prácticamente imposible si se convocara a todo el Pueblo de Dios.

 

Criterios de representación

33. EL criterio de representación debe desarrollar la conciencia de que no se participa desde sí mismo ni defendiendo los propios gustos e intereses, sino los de la parte representada, dando espacio, eso sí, al prudente juicio del representante, que debe buscar siempre el bien de la Iglesia en general y de la parte representada, en particular. Por esta razón, el representante debe mantener una estrecha unidad y comunicación con aquellos que representa: los deseos de sus representados deben tener el peso en sus propios deseos, debe respetar la opinión de la mayoría que representa, sin olvidar la opinión de aquellos que les asista el sentido común y las razones evangélicas, aunque no sean de la mayoría. El representante, además, debe tener buen juicio, la capacidad de discernimiento evangélico y una mirada de altura, que trascienda la estrechez de partido o de pequeño grupo, mirando el bien de la Iglesia diocesana y de la Iglesia universal, puesto que la representación es una forma de relación que abarca una visión general de la Iglesia y que, teniendo el criterio de la participación, conduce a una coordinación pastoral  que busca intereses comunes.

 

34. CONVIENE aclarar, antes de concluir esta reflexión, que no se puede pensar en el Consejo Diocesano de Pastoral como un órgano independiente de la acción pastoral de las parroquias, pues no se puede pretender constituir el Consejo de Pastoral por un decreto y que se replique en las comunidades, ya que esto constituye una acción pastoral meramente normativa – vertical, y no de participación comunitaria. El Consejo de Pastoral, a fin de responder a la exigencia de renovación de estructuras, debe generarse en actitudes de sinodalidad, comunión y participación desde los ECBs, en los equipos eclesiales decanales y vicariales y en las reuniones de las distintas Comisiones. Más que pensar en la constitución jurídica del Consejo, se nos invita a pensar en las actitudes de sinodalidad, de comunión y participación que tenemos nosotros y la capacidad de generarla en los espacios de los que somos representantes.

 

INDICACIONES PARA EL PRIMER MOMENTO

a)   Leer el texto, con la oportunidad de detenerse cuando haya dudas o algún comentario que ayude a comprenderlo mejor y profundizarlo.

b)   Comentar, en cuanto el tiempo alcance, las siguientes preguntas en un ambiente de fraternidad:

  • Los ECBs que conocemos o en los que participamos, ¿son verdaderamente espacios de sinodalidad, comunión y participación, dándo protagonismo a los laicos?
  • ¿Cómo hacer para tener equipos eclesiales (presbíteros, religiosos y laicos) en el decanato y en la vicaría? Y si se tienen, ¿cómo fortalecerlos?
  • ¿Cuál y cómo es nuestra experiencia de participación y representatividad de todos los agentes, especialmente de los laicos, en la parroquia (ECB), en el decanato y en la vicaría?¿En nuestras estructuras hay espacio para los laicos, especialmente para mujeres?
  • ¿Nuestras estructuras han generado confianza fraterna para compartir las preguntas más profundas de la vida  y las preocupaciones cotidianas; provocan el discernimiento evangélico con los criterios del Reino?
  • ¿Nuestras estructuras están aisladas de otras, generan carrerismo egoísta? ¿nos ayudan a vivir la espiritualidad de comunión o favorecen el clericalismo?
  • ¿Señalamos, como maestros, lo que se debe hacer pero no nos comprometemos en realizarlo? ¿descalificamos otras instancias o estructuras eclesiales? ¿criticamos y descalificamos envidiosamente los éxitos de otras personas o estructuras pastorales?
  • ¿Hemos asumido el VI Plan Diocesano de Pastoral? ¿sabemos tener un espíritu de sinodalidad, de aprender a caminar al paso de los demás? ¿somos capaces de autocrítica?

 

 

 

 

 

 

 

 

INDICACIONES PARA EL SEGUNDO MOMENTO

 

a)   Señalar las ideas fuerza y las exigencias que nos presenta esta iluminación, siguiendo el siguiente esquema.

 

IDEAS FUERZA EXIGENCIAS
Las ideas fuerza son ideas centrales cargadas de significado que indican el corazón de lo se desea y se quiere conforme a lo que nos dice la iluminación. Las exigencias son la interpelación que nos hace la Palabra de Dios, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia frente a los vacíos pastorales.
Se pueden anotar las ideas fuerzas que se deseen.

NO SE COMPARTEN EN EL PLENARIO

Elegir sólo dos exigencias para COMPARTIRLAS EN EL PLENARIO.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1]Plegaria Eucarística: “La Iglesia, en camino hacia la unidad”.

[2]Cf. VI Plan Diocesano de Pastoral 110.

[3]Folleto de la Naturaleza de la Asamblea de la Arquidiócesis de Guadalajara.

[4]Cf. CIC 495-514.

[5]Como lo establece tanto el Papa Paulo VI en el Motu Proprio Ecclesiae Sanctae, como la Circular Omnes Christifideles de la Sagrada Congregación para el Clero, emitida el 25 de enero de 1975.