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VI Plan
Diocesano de Pastoral


La Nueva Evangelización al
servicio del Reino


Arquidiócesis de Guadalajara
2015


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Presentación Promulgación

1-7

VI PLAN
DIOCESANO DE PASTORAL

La Nueva Evangelización al servicio del Reino

Introducción

Momento de gracia Primerear: generar una nueva cultura Necesidad de método y metodología Metodología participativa

 

8-9

10

11

12-13

I. VER CON LOS OJOS DEL PADRE

Marco de la Realidad

Ver la realidad con fe

14-17

1.1 Antecedentes

Memoria agradecida Preparativos inmediatos para esta plan

 

18-22

22-23

1.2 Hechos englobantes

Investigación y análisis

 

24-25

Escenario econónmico Escenario político Escenario cultural Escenario religioso popular Escenario familia Escenario jóvenes y adolescentes Escenario pastoral profética Escenario pastoral litúrgica Escenario pastoral social Escenario laicos

26

27

28

29

30

31

32

33

34

35

II. JUZGAR CON LOS CRITERIOS DEL HIJO

Marco Doctrinal

Iluminación de la realidad ¿Cómo evangelizar hoy?

36

37-38

2.1 La Nueva Evangelización

Significado de la expresión Nueva Evangelización

 

39-42

a) La primera evangelización
paradigma de toda evangelización

 

Jesucristo es el centro de la evangelización Jesús anuncia el Reino de Dios Los Milagros-Signos del Reino Comunión fraterna como signo del Reino Misterio Pascual Testimonio apostólico Mediaciones comunes de evangelización apostólica

43

44

45

46

47

48

49

b) La novedad de la evangelización

 

La Iglesia continúa la obra de Cristo Significado de Nueva Evangelización Llevar a Cristo a la cultura actual Evangelización y promoción humana Evangelización nueva en su ardor Evangelización nueva en sus métodos Evangelización nueva en sus expresiones

50

51

52

53

55

57

58-60

2.2 La misión continental permanente
es la nueva evangelización en América
Latina

 

Misión Continental Destinatarios de la Misión Continental Discipulado misionero

61-64

65-66

67-69

a) Kerigma y formación para la misión

 

Encuentro con Cristo Seguimiento de Cristo Espiritualidad de comunión Kerigma

70-72

73

74-76

77-79

b) Para que nuestro pueblo en Cristo tenga vida

 

La vida nueva en Cristo Diversos conceptos de vida Vida digna, vida nueva y vida plena Vida en la Escritura Niveles de vida

80

81

82-83

84-85

86

c) La Parroquia: comunidad de
comunidades evangelizadas
y evangelizadoras

 

Nueva Evangelización y Parroquia Parroquia en salida misionera

87-90

91-92

2.3 EXIGENCIAS PASTORALES

 

Ideas fuerza

93-99

III. ACTUAR BAJO EL IMPULSO DEL
ESPÍRITU SANTO

Discernimiento Pastoral

Leer los signos de los tiempos

100-101

3.1 PRIORIDADES DIOCESANAS

102-104

3.2 OBJETIVO DIOCESANO

105-107

Objetivo General

105-107

3.3 LÍNEAS COMUNES DE ACCIÓN

 

1a Línea de Acción
Propiciar el encuentro personal con cristo vivo en todas las instancias y tareas pastorales

108-109

2a Línea de Acción
Asumir la espiritualidad de comunión como ciminento e inspiración de toda acción pastoral

110

3a Línea de Acción
Asegurar la creación y fortalecimiento de espacios y procesos de formación integral

111

4a Línea de Acción
Situar y asumir toda acción evangelizadora en el marco de nuestro proceso pastoral

112

5a Línea de Acción
Asumir el compromiso de solidaridad y salida a las periferias en el espíritu del discípulo misionero

113

6a Línea de Acción
Anunciar a Jesucristo y su evangelio con un lenguaje comprensible, testimonial y significativo a los hombres y mujeres de hoy

114

7a Línea de Acción
Impulsar el protagonismo de los laicos en la transformación evangélica de la sociedad y su participación en la Iglesia

115

3.4 ENFOQUES, METAS Y PROGRAMACIÓN DE CADA INSTANCIA ECLESIAL

116-121


PRESENTACIÓN
PROMULGACIÓN


1. La celebración por los 150 años de que fue elevada la Iglesia de Guadalajara a sede metropolitana es una ocasión muy oportuna para reflexionar sobre el ser y quehacer de la Iglesia. La Iglesia es sacramento universal de salvación que actualiza aquí y ahora el designio salvífico que el Padre proyectó desde la creación, lo ha realizado por Cristo y lo lleva a su plenitud bajo la acción del Espíritu Santo. La Iglesia existe para evangelizar como presencia de Jesucristo en el mundo, pues es su Cuerpo y es su Pueblo; esa es su identidad y misión. Dicha misión en nuestra Arquidiócesis, al igual que en toda América Latina y el Caribe, es permanente y pide a cada uno de sus miembros ser discípulo misionero.

2. El presente documento quiere dar un gran impulso a nuestro proceso pastoral, que busca ser fiel a la identidad y misión de la Iglesia. Este pequeño libro no es precisamente el Plan, pues éste no puede ser un fascículo archivable, sino un proceso vivo, existencial, participativo de toda la comunidad diocesana. No sólo se ha escrito lo que debiéramos idealmente vivir en el futuro próximo, sino lo que ya estamos viviendo: está escrita la realidad con todas las riquezas de la gracia, pero también con todas sus contrariedades y retos, a la que con sensibilidad pastoral queremos responder; está escrita la reflexión creyente de lo que nos pide Dios a través de su Palabra, del magisterio pontificio, especialmente de la exhortación apostólica “Evangelii Gaudium”, y del magisterio latinoamericano con el Documento de Aparecida (juzgar); también condensa por escrito el futuro prometido por Dios, expresado en el objetivo, que queremos forjar con su gracia y ayudados de las técnicas actuales (actuar). De esta manera, estamos en sintonía con los obispos latinoamericanos que nos invitan a retomar el método teológico pastoral de ver con los ojos del Padre, juzgar con los criterios del Hijo y actuar eclesialmente bajo el impulso del Espíritu Santo (Cf DA 19).

3. Este Plan es fruto del trabajo de todos los que hemos participado en las Asambleas de Pastoral de todas las instancias, especialmente los que han sido representantes en las Asambleas Diocesanas: presbíteros, religiosos y laicos. Para llegar a este momento hemos recorrido, en comunión y participación, un camino arduo y largo con la conciencia de que todavía debemos seguir caminando hacia nuestra meta definitiva. Hemos recorrido, en comunión y participación un camino de oración confiada al Señor de la Historia, que nos ha prometido la asistencia de su Espíritu; camino de escucha atenta a las voces del mundo actual al que nos toca evangelizar; camino de sensibilidad frente a los muchos rostros desfigurados por la pobreza, la enfermedad, la violencia, la muerte que sufre nuestro pueblo mexicano; camino de iluminación y reflexión de la Palabra viva de Dios que nos interpela y consuela; camino de escucha, de diálogo fecundo, de consensos, de compromisos concretos; camino de paciencia, “sin prisas, pero sin pausas”.



4. Para este Plan se ha elegido la metodología participativa que tiene su fundamento en la eclesiología de comunión y participación. No se trata de un plan que elabora un equipo de expertos, sino que es el trabajo de todos los que hemos sido invitados a hacer presente el Reino de Dios en este lugar, cada quien desde su ministerio y carisma, pero todos viviendo la espiritualidad de comunión a través de un método participativo común, un lenguaje común, prioridades comunes, con un objetivo común y con líneas comunes de acción. Tocará a las instancias intermedias, es decir, a las Vicarías Episcopales y sus Decanatos, Comisiones y sus Secciones, Vida Consagrada, así como a la comunidad básica que es la Parroquia, elaborar su propia programación comenzando con las metas y llevando a cabo proyectos que concreticen y hagan operativo nuestro objetivo común y teniendo en cuenta las líneas comunes, como mística de toda acción pastoral.



5. Debemos estar conscientes de que se trata, sin embargo, de un Plan penúltimo, es decir, que no es definitivo, puesto que mientras se peregrina en este mundo, la Iglesia asume la caducidad de todo; es un esfuerzo de responder a los retos y exigencias aquí y ahora y con los medios que tenemos a nuestro alcance. No es un plan perfecto, pero puede ser perfectible en la medida en que nos comprometamos todos, lo asumamos todos y todos lo enriquezcamos con nuestra propia experiencia pastoral. Es un Plan también criticable, pero las críticas tendrán que ayudar a mejorarlo; nunca sería legítima una descalificación a priori, para así tener un pretexto de no comprometernos en el trabajo pastoral en espíritu de comunión y participación.

6. Con gran alegría y esperanza, pongo en las manos de todos los agentes de pastoral este documento que refleja nuestro Plan Pastoral, para que anime y vincule todo esfuerzo y trabajo evangelizador. Quiere ser nuestra respuesta de fe, nuestro compromiso de conversión personal y pastoral, testimonio de nuestra esperanza y de credibilidad frente a nuestra sociedad. Para gloria de Dios y como ofrenda grata a Él, PROMULGO ESTE VI PLAN DIOCESANO DE PASTORAL PARA LA DIÓCESIS DE GUADALAJARA con una vigencia, a revisarse, para los próximos cinco años.



7.Que la Virgen Santísima de Zapopan, nuestra dulce y tierna Madre, Estrella de la Evangelización, y nuestros Santos y Beatos Mártires nos asistan con su intercesión para ser fieles y creíbles mensajeros de la Buena Nueva, con la valentía y el amor con el que ellos entregaron su vida a Cristo Rey.



Gaudalajara, Jalisco
2 de abril de 2015
Jueves Santo

† José Francisco Cardenal
Robles Ortega
Arzobispo de Guadalajara

VI PLAN DIOCESANO DE PASTORAL


La Nueva Evangelización al servicio del Reino



INTRODUCCIÓN


Momento de gracia

8. La Iglesia diocesana de Guadalajara vive un momento especial de gracia, como don inestimable de la salvación obrada por Dios en su Hijo Jesucristo bajo la acción del Espíritu Santo, en el “hoy” de su larga historia. Nuestro Obispo, el Emmo. Sr. Cardenal Don José Francisco Robles Ortega, después de consultar al Pueblo de Dios por medio de la Asamblea Diocesana de Pastoral, ha determinado emprender un camino común, de forma participativa, que nos lleve a la vivencia del Reino de Dios por medio de la Nueva Evangelización, que en América Latina se concreta en la Misión Continental.



9. El inicio del VI Plan Orgánico Diocesano de Pastoral se enmarca en el caminar pastoral de nuestra Diócesis, especialmente en el gozo del Año Jubilar por el ciento cincuenta aniversario de la erección de la Iglesia de Guadalajara como Sede Metropolitana. El presente plan pretende impulsar la Nueva Evangelización, no rompiendo con el pasado, sino dando un paso más hacia adelante en el único proyecto salvífico de Dios que, desde hace ya más de 465 años, se está gestando en nuestras tierras. No se abandonan los pasos anteriores, sino que se asumen, con la responsabilidad histórica de ser herederos y transmisores fieles del tesoro de la fe, en el desafiante momento que estamos viviendo, por el cambio de paradigmas culturales. La planeación participativa mira el tiempo como historia de salvación, para evitar que caigamos en ansiedades o activismos y que demos pasos sin rumbo; continúa un proceso que genera un dinamismo nuevo y vivificante en la Iglesia y en la sociedad, lo que nos lleva a tener una actitud de alegre paciencia (Cf EG 222-225) y a elaborar, en espíritu de comunión y participación, una planeación que nos conduzca a una pastoral participativa de impulso misionero, orgánica y de conjunto.

Primerear: generar una nueva cultura

10. Cobra conciencia, además, la responsabilidad histórica de la Iglesia, cuando la cultura occidental moderna, que nació bajo las luces de la Enciclopedia, se desquebraja y se están gestando nuevos paradigmas culturales. En los momentos de crisis cultural, en el recorrer de la historia milenaria de la Iglesia, el cristianismo ha favorecido el nacimiento de una nueva cultura, fundada en el Evangelio de la Vida y manifestada concretamente en el humanismo integral, que abarca a todos los hombres y a todo el hombre. Este desafío histórico exige de la Iglesia, ante todo, «primerear», como gusta decir al Papa Francisco, es decir, «adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces del camino» (EG 24); este primerear se refleja en acciones bien pensadas, en comunión y participación eclesial, y encaminadas todas ellas, a lograr el objetivo común de hacer germinar el Reino de la gracia, de la vida, de la paz y del amor; con un objetivo y líneas comunes podremos garantizar que no se bifurquen las fuerzas, se hagan esfuerzos paralelos o se caiga en activismos estériles.

Necesidad de método y metodología

11. La acción pastoral siempre es obra del Espíritu del Señor, porque sólo Él puede suscitar, profundizar y testimoniar la fe en el corazón de cada hombre, objetivo último de la pastoral. «En toda la vida de la Iglesia debe manifestarse siempre que la iniciativa es de Dios» (EG 12), pero, en cuanto acción encargada a nuestras débiles manos, se ha de proveer de los medios y las técnicas humanas que faciliten la acción de Dios en los hombres y puedan ofrecer mayor eficacia en la evangelización de nuestra sociedad. La planeación no es, ni nunca lo será, una actividad supletoria de la gracia, sino que por la fe viene exigida en cuanto que la gracia supone, eleva y perfecciona la naturaleza. No son dos caminos paralelos, sino que se trata de unir el esfuerzo humano a la acción del Espíritu, por medio de la metodología pastoral, a fin de facilitar, coordinar, impulsar y evaluar el trabajo que Cristo ha encomendado a la Iglesia. El trabajo que supone la planeación, por otra parte, es ya una acción evangelizadora y una implícita confesión de fe en el Dios de la historia, que se hace presente en medio de nosotros para hacernos partícipes de su Reino y nos pide una pertinente respuesta aquí y ahora.

Metodología participativa

12. El Sr. Cardenal José Francisco, en comunión con la CELAM en Aparecida (n.19), ha elegido la metodología pastoral participativa, que se inspira en el método teológico-pastoral: Ver con los ojos del Padre, Juzgar con los criterios del Hijo y Actuar eclesialmente bajo el impulso del Espíritu Santo. El Papa Francisco pide a los obispos, en esta misma dirección, que procuren «la maduración de los mecanismos de participación que propone el Código de Derecho Canónico y otras formas de diálogo pastoral, con el deseo de escuchar a todos y no sólo a algunos que le acaricien los oídos. Pero el objetivo de estos procesos participativos no será principalmente la organización eclesial, sino el sueño misionero de llegar a todos» (EG 31). Además, esta metodología manifiesta de forma significativa, el misterio de la Iglesia como comunión y participación, reconoce el lugar que corresponde a los laicos y permite que todas las fuerzas vivas de la Iglesia se sientan involucradas y se empeñen en la consecución del proyecto pastoral común. Al participar se asume.



13. El VI Plan Orgánico Diocesano de Pastoral es fruto de todo el Pueblo de Dios y no se limita a las presentes líneas. Por una parte supone la participación de todos y de todas las instancias, pues la Iglesia se ha expresado en las asambleas de las distintas instancias pastorales que enviaron oportunamente sus aportaciones a la Asamblea Diocesana de Pastoral, en la cual, en espíritu de comunión y participación, se ha llegado, con fidelidad y responsabilidad, a asumir las prioridades diocesanas, a la elaboración del objetivo común y a la definición de las líneas comunes de acción. Por otra parte, un plan pastoral es la acción misma evangelizadora de la Iglesia de forma orgánica y de conjunto, más allá de un libro, que, en todo caso, debe expresar por escrito la acción in fieri, es decir, que ya se está realizando y no sólo la que se realizará en un futuro.

I


VER CON LOS OJOS DEL PADRE


Marco de la Realidad


Ver la realidad con fe

14. En la planeación participativa, la mirada de la realidad no se hace desde una óptica ideológica ni aséptica; tampoco es un acercamiento científico a la realidad con intereses sociológicos. Es la mirada creyente, aquella que ve con los ojos de fe y, desde esta mirada, descubre el plan amoroso de Dios. «En todas las cosas interviene Dios para bien de los que lo aman» (Rm 8,28). La mirada de fe sobre la realidad reclama un ángulo desde el cual se observe todo con la exigencia de la conversión personal y pastoral, que nos lleve a asumir, con alegría, la voluntad de Dios expresada en los signos de los tiempos.



15. El presente plan pastoral recurre al marco de la realidad, reconociendo a ésta como un lugar teológico, es decir, un espacio donde Dios se hace presente para ofrecer su salvación y en el cual interpela a la Iglesia sobre su identidad y misión, pues la Iglesia es el sacramento universal de salvación para el mundo, que, sin ser del mundo, con su acción y por la fuerza del Espíritu, pretende transformarlo en la civilización del amor. Hemos de pedir la luz del Espíritu que guía y conduce la historia hacia la plenitud, para que evitemos cualquier forma de ocultar la realidad, entre las que pueden estar: «los purismos angélicos, los totalitarismos de lo relativo, los nominalismos declaracionistas, los proyectos más formales que reales, los fundamentalismos ahistóricos, los eticismos sin bondad, los intelectualismos sin sabiduría» (EG 231).



16. Dios en su Plan de salvación se ha involucrado en la historia de los hombres, el Eterno se ha hecho temporal y ha vivido las vicisitudes de la historia humana. Con una profunda sensibilidad, ya desde el A.T., Dios ha visto el sufrimiento y ha escuchado el clamor de los pobres y se ha abajado para ofrecer libertad y salvación: «He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto, he escuchado el clamor ante sus opresores y conozco sus sufrimientos. He bajado para liberarlo» (Ex 3,7-8). El Verbo Eterno ha puesto su morada en medio de nosotros para que podamos tener vida en abundancia. En su oración sacerdotal, antes de padecer por nosotros, no pidió al Padre para que los suyos fueran sacados del mundo, sino preservados del mal, a fin de que pudieran, siendo uno, ser fermento de un mundo nuevo (Cf Jn 17,11-20).



17. La dinámica metodológica, que parte del marco de la realidad, hunde sus raíces en la Encarnación, modelo de toda acción pastoral transformadora. Como el Verbo, la Iglesia se encarna en circunstancias particulares y desde ahí ofrece la salvación que viene de Dios. A diferencia de los diversos análisis sociológicos, la mirada creyente observa la realidad como gracia y salvación; por tanto, reconocemos con espíritu de fe, a pesar de todos los acontecimientos que ensombrecen la vida de los hombres, que vivimos un kairos, tiempo de gracia que exige una nueva manera de transmitir la fe en Cristo, «Camino, Verdad y Vida» (Jn 14,6) que es «el mismo ayer, hoy y por los siglos» (Heb 13,8).

1.1


ANTECEDENTES


Memoria agradecida

18. Los acontecimientos históricos nos recuerdan que «la memoria es una dimensión de nuestra fe… que el creyente es fundamentalmente “memorioso” y, por tanto, la alegría evangelizadora siempre brilla sobre el trasfondo de la memoria agradecida» (EG 13). Vemos la historia de nuestra Iglesia diocesana con alegre gratitud a Dios y a tantos hombres y mujeres que han respondido a la llamada divina a vivir el Evangelio. Desde la fundación de nuestra Iglesia de Guadalajara hasta hoy, se ha sembrado la semilla fértil del Evangelio y se han estado cosechando abundantes frutos de vida cristiana, entre los que se ha de resaltar el heroísmo martirial de nuestros santos, beatos, siervos de Dios y numerosos buenos cristianos, presbíteros y laicos.



19. Nuestro proceso pastoral actual hunde sus raíces en el celo misionero de los primeros franciscanos que llegaron a nuestras tierras, en el tino pastoral de los obispos y arzobispos, en la dedicación abnegada y testimonial de numerosos sacerdotes, especialmente de nuestros santos mártires, en el ejemplar testimonio de muchísimos religiosos y religiosas, así como en la vida cristiana y de compromiso social de innumerables seglares a lo largo de la historia de la Iglesia de Guadalajara. Reconocemos que la renovación del Concilio Vaticano II y su aplicación pastoral en nuestra Diócesis se llevó a cabo con prudencia y paciencia por el Sr. Cardenal José Salazar López, al proveer de una formación pastoral al clero y al crear las estructuras básicas de la pastoral orgánica y de conjunto.



20. Como antecedentes inmediatos de nuestro VI Plan Diocesano de Pastoral, hemos de mencionar la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano celebrada en el mes de mayo de 2007 en Aparecida, Brasil, en comunión con el Papa Benedicto XVI, que lanzó a la Iglesia Latinoamericana a la Misión Continental con carácter permanente, impulsada por el Espíritu Santo que suscita en nosotros, un encuentro vivo, existencial y transformador con Cristo que nos lleva a la conversión, al seguimiento de Cristo, a la vida en comunión y nos pone en estado de misión. El discipulado misionero es la categoría teológica que da la impronta al itinerario de la Misión. En este contexto, el Cardenal Juan Sandoval Íñiguez promulgó el V Plan Diocesano de Pastoral en el año 2008, y el 31 de mayo de 2009, domingo de Pentecostés, hizo la apertura de la Misión Continental en nuestra Diócesis.



21. Se buscó, casi inmediatamente, empezar la Misión Continental, guiándonos por el folleto de la «Misión Continental en la Arquidiócesis de Guadalajara », y realizando Jornadas de Pastoral, que reunieron las fuerzas vivas de la Iglesia (Vicarios Episcopales, Decanos, Comisiones Diocesanas y sus Secciones, Vida Consagrada y Seminario Diocesano). En éstas, se asumieron acuerdos que nos invitaban a la conversión personal y pastoral y a implementar, en comunión y participación, algunas exigencias comunes de acción pastoral.



Preparativos inmediatos para este plan

22. El 7 de febrero de 2012 comenzó su ministerio en esta Iglesia el Cardenal José Francisco Robles Ortega. Su primera acción fue encontrarse con el presbiterio, visitando las Vicarías Episcopales, y posteriormente las Comisiones y Secciones Diocesanas para conocer y escuchar a los agentes de pastoral; los resultados de estas visitas fueron discernidos en una jornada el 6 de septiembre de ese año. Ahí, el Sr. Cardenal propuso la implementación de un nuevo Plan Diocesano de Pastoral y pidió a la Vicaría de Pastoral que iniciara los preparativos. El Señor Cardenal señaló como criterio básico la participación de los distintos sectores del pueblo de Dios (Cf DA 371), porque «el que no participa, no asume»; este criterio marcó el rumbo de esta nueva etapa. Se llegó a la primera Asamblea Diocesana (11, 12 y 13 de junio de 2013) desde las asambleas parroquiales, decanales, vicariales, de las comisiones diocesanas de pastoral y de las comunidades de la Vida Consagrada.



23. Esta primera Asamblea Diocesana de Pastoral del episcopado del Cardenal Robles, llegó a asumir las prioridades diocesanas y a la elaboración del objetivo común. Se elaboró un subsidio, llamado “Glosa del Objetivo Diocesano” para que el fruto de esta Asamblea fuera socializado; posteriormente se realizaron las asambleas pastorales de todas las instancias para elaborar las metas y, de este trabajo, se llegó, en la Asamblea Diocesana del 2014 a tener 7 líneas comunes de acción. El trabajo pastoral de forma participativa, que llega a la Asamblea y después vuelve a las comunidades, se puede considerar como la metodología del VI Plan Orgánico Diocesano de Pastoral, que ahora se materializa en estas líneas, pero que se ha venido fraguando desde hace ya tiempo y que espera ser un paso más en el caminar de nuestra Iglesia diocesana.



1.2


HECHOS ENGLOBANTES


Investigación y análisis

24. El marco de la realidad, que es la primera etapa de la planeación pastoral participativa, se realiza en dos momentos: la investigación y el análisis. La investigación es la constatación de la realidad a partir de la enumeración de hechos importantes o significativos para nosotros. El análisis es la reflexión sobre las causas, consecuencias y tendencias de estos hechos, para ver su repercusión en la sociedad y en la Iglesia. Frente a los hechos o situaciones, la conciencia pastoral, nos plantea una serie de “retos”, que son los vacíos que hemos encontrado y a los que urge dar una respuesta pastoral adecuada. En el marco de la realidad queremos, desde el espíritu de Jesús el Buen Pastor, tener una visión objetiva, analítica y pastoral de la situación de nuestra Iglesia diocesana, manifestada en los “hechos englobantes”, es decir, en los fenómenos o situaciones sociales– eclesiales que encierran otras situaciones y que inciden de manera determinante en la vida de nuestra comunidad. Se trata de un paso muy importante porque así podemos responder adecuadamente a las reales necesidades de nuestro pueblo. Si no conocemos bien a quién servimos y las condiciones en las que viven, nuestra misión como Iglesia no puede trascender. Si no conocemos a las ovejas, no podremos ser buenos pastores.



25. Los hechos englobantes que apuntamos ahora son aquellos que en la Asamblea Diocesana de Pastoral del año 2013 se señalaron como los más urgentes y, a partir de los hechos, se asumieron los retos. Esta es la primera parte de nuestro VI Plan Diocesano de Pastoral.



26.

Escenario

Económico


Hecho englobante

Desempleo y empleo mal remunerado


Reto

Educar y promover la solidaridad desde las parroquias y demás instancias

Causas

  • Un sistema manipulado por sindicatos corruptos.
  • Falta de honestidad de muchos patrones.
  • Escasas fuentes de trabajo y falta de oportunidadespara todos.
  • Falta de capacitación adecuada.
  • Somos un país maquilador.

Consecuencias

  • Pobreza en grandes sectores de la población.
  • Migración que trae desintegración familiar.
  • Constantemente disminuye el poder adquisitivo de las mayorías.
  • Búsqueda de dinero fácil en actividades ilícitas.
  • Delincuencia.
  • Rompimiento del tejido social.
  • Cada vez se dan más casos de depresión.

Tendencias

  • Aumento de la pobreza.
  • Crecimiento del crimen organizado.
  • Descomposición del tejido social.
  • Crecimiento del comercio informal.

27.

Escenario

Político


Hecho englobante

Ambiente de corrupción y falta de conciencia ciudadana


Reto

Educar desde la familia en la participación ciudadana a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia

Causas

  • Apatía de los católicos para comprometerse en el campo político y social.
  • Decepción en el pueblo ante la gestión de los políticos que sólo piensan en sus intereses personales y de partido.
  • Democracia aparente e incipiente.
  • Ignorancia en el campo político.
  • Falta de valores.
  • Deficiente administración pública.
  • Partidismo.
  • Falta de formación y conciencia política.

Consecuencias

  • Pérdida de confianza en las autoridades.
  • Pesimismo.
  • Mal gobierno.
  • Impunidad.

Tendencias

  • Aumento de la apatía y mediocridad social.
  • Aumenta la violencia en la sociedad.
  • Gobierno deslindado de la sociedad.
  • Riesgo a que se pierda el Estado de Derecho.

28.

Escenario

Cultural


Hecho englobante

Perdida de nuestra identidad


Reto

Promover la cultura de la vida en la sociedad fomentando los valores del Evangelio.

Causas

  • Falta una verdadera formación cívica en la familia, los padres han claudicado en la educación de los hijos.
  • Relativismo moral.
  • Influencia negativa de los medios de comunicación.
  • Deficiente sistema educativo.
  • Pereza intelectual

Consecuencias

  • Creación de modelos culturales ajenos a nuestra idiosincrasia y cultura.
  • Pérdida de la unidad familiar.
  • Bajo nivel educativo y cultural.
  • Se vive en la cultura de lo inmediato sin proyectos a futuro.
  • Enajenación por los medios de comunicación.

Tendencias

  • Crisis cultural.
  • La familia es la institución más atacada y vulnerable.
  • Violencia generalizada.
  • Juventud sin esperanza.
  • Estancamiento en el desarrollo humano y cristiano.

29.

Escenario

Religioso Popular


Hecho englobante

Indiferencia e ignorancia religiosa


Reto

Fortalecer la piedad popular, promoviendo el itinerario formativo del discípulo misionero

Causas

  • En general falta formación integral y permanente en la fe.
  • Falta una auténtica evangelización desde la familia.
  • Secularización.
  • Se vive un catolicismo sin convicción, más bien como tradición.
  • Celebraciones ritualistas y formalistas, sin compromiso en la vida ordinaria.
  • Desinterés por lo religioso.
  • Actual rompimiento generacional en la trasmisión de la fe en las familias.
  • No nos hemos comprometido con la Nueva Evangelización.
  • Una gran mayoría toma la religión como un accesorio.
  • Descuido de los sacerdotes.

Consecuencias

  • Materialismo.
  • Pérdida de valores.
  • Se va perdiendo la fe.
  • Divorcio entre fe y vida.
  • Sincretismo religioso.

Tendencias

  • Ateísmo práctico.
  • Una religión sin Iglesia.
  • Crecimiento de las sectas.
  • Una religión a la carta.

30.

Escenario

Familia


Hecho englobante

Crisis del matrimonio y de la familia


Reto

Una pastoral familiar integral e integradora

Causas

  • Falta de formación en los valores humano-cristianos.
  • Falta comunicación efectiva y afectiva.
  • Violencia intrafamiliar.
  • Machismo.
  • Ideología de género mal entendida y su influencia.
  • Deficiente ingreso económico a las familias y muchas veces, mala administración del mismo.
  • Desconocimiento de la naturaleza del matrimonio- sacramento.
  • Influencia negativa de los medios de comunicación.

Consecuencias

  • Delincuencia y adicciones.
  • Baja autoestima.
  • Materialismo consumista.
  • Ver el divorcio como única solución de conflictos.
  • Infidelidad.
  • Nuevos modos de vivir la familia.
  • Aumento de embarazos no deseados, madres adolescentes y abortos.
  • Individualismo.
  • Los hijos siguen los mismos patrones de conducta de los padres.

Tendencias

  • Familias disfuncionales.
  • Pérdida del soporte afectivo de la familia en los jóvenes, adolescentes y niños y en última instancia pérdida del sentido de la vida.
  • Sociedad disgregada.
  • Descomposición social.
  • Sentimiento social de orfandad (una sociedad sin padres).

31.

Escenario

Jóvenes y adolescentes


Hecho englobante

Indiferencia de los jóvenes a las cosas de Dios y una postura sumamente crítica frente a la Iglesia


Reto

Que la pastoral juvenil logre que los adolescentes y jóvenes se formen como constructores de la civilización del amor

Causas

  • Desorientación y nuevos estilos de vida influenciados por los medios masivos de comunicación.
  • Información no veraz y tendenciosa de muchas comunidades virtuales.
  • Ausencia de los padres de familia en el desarrollo humano-cristiano de los hijos.
  • Mala voluntad de algunos maestros que atacan a la Iglesia y recepción acrítica por parte de los jóvenes de los postulados de estos maestros.
  • Vivir el momento de forma eufórica y sin asumir las consecuencias con responsabilidad.
  • Se diluyen los modelos de vida auténticos. No hay liderazgos cristianos y muchas veces falta testimonio de los agentes.
  • No se presenta de forma atractiva el mensaje del Evangelio (no hay sintonía).
  • Falta una pastoral juvenil seria, responsable, creativa, comprometedora en las parroquias.
  • Algunos sacerdotes no atienden a los jóvenes o se han desanimado en la pastoral juvenil.
  • No se da la suficiente atención y espacio a los jóvenes en la Iglesia y en la sociedad.
  • Consumismo.
  • Pandillerismo, drogadicción, delincuencia.

Consecuencias

  • Ignorancia religiosa en un gran sector de la población.
  • Abandono de la Iglesia y migración a nuevos movimientos religiosos.
  • Indiferencia y/o rechazo hacia la práctica católica de la fe.
  • En algunos presbíteros se da el protagonismo relegando el papel del laico.
  • Crecimiento de la credulidad cayendo en sincretismo o eclecticismo religioso.

Tendencias

  • Divorcio entre la fe y la vida.
  • Secularismo.
  • Una sociedad sin Dios.

32.

Escenario

Pastoral profética


Hecho englobante

Superficialidad en los procesos evangelizadores y catequéticos, que no forman discípulos misioneros


Reto

Ofrecer una formación integral y permanente a los agentes de pastoral

Causas

  • No hay articulación entre las secciones que conforman la Comisión de Pastoral Profética.
  • Faltan criterios comunes entre las distintas instancias que conforman esta Comisión.
  • Las familias han dejado de educar cristianamente a sus miembros.
  • Desconocimiento de los compromisos de los laicos.
  • No se han aplicado los procesos de catequesis en las comunidades.
  • Descuido pastoral de algunos sacerdotes.
  • Falta mayor compromiso en algunos agentes de pastoral profética.
  • Hay apatía frente a la oferta de la formación integral y permanente.
  • Los laicos que asisten a una preparación especializada a veces no inciden en la vida parroquial.
  • Algunos proyectos de formación pastoral se quedan en el plano académico y no llegan al pueblo.

Consecuencias

  • Ignorancia religiosa en un gran sector de la población.
  • Abandono de la Iglesia y migración a nuevos movimientos religiosos.
  • Indiferencia y/o rechazo hacia la práctica católica de la fe.
  • En algunos presbíteros se da el protagonismo relegando el papel del laico.
  • Crecimiento de la credulidad cayendo en sincretismo o eclecticismo religioso.

Tendencias

  • Divorcio entre la fe y la vida.
  • Secularismo.
  • Una sociedad sin Dios.

33.

Escenario

Pastoral Litúrgica


Hecho englobante

La fe celebrada como mero ritualismo y sacramentalismo


Reto

Promover la formación litúrgica constante y adecuada para que las celebraciones alimenten la fe y nos motiven al compromiso de vida

Causas

  • Celebraciones litúrgicas mal preparadas.
  • Participación pasiva de la comunidad.
  • No hay suficiente formación litúrgica.
  • Hay sacerdotes que no motivan a la participación.
  • Pérdida del sentido de lo sagrado.
  • Muchas veces en las ceremonias la música y el canto no son litúrgicos.
  • No hay disposición para la celebración: impuntualidad, vestimenta inadecuada, distracciones, etc.

Consecuencias

  • Los sacramentos no inciden en la vida práctica.
  • Participación pasiva en las celebraciones litúrgicas.
  • Los sacramentos y el templo no llegan a ser un lugar de encuentro con Cristo.
  • Una liturgia sin espíritu que deja ver una fe insípida.

Tendencias

  • Celebrar los sacramentos como eventos sociales.
  • Abandono paulatino de la misa dominical.

34.

Escenario

Pastoral Social


Hecho englobante

Una pastoral social que poco incide en la promoción de la persona y en la transformación de la realidad, inspirada en la Doctrina Social de la Iglesia


Reto

Potenciar los niveles asistencial, promocional y transformador de la Pastoral Social, desde la Doctrina Social de la Iglesia

Causas

  • En algunos sectores se vive la caridad como una ONG y no desde el espíritu de Cristo. Se ven los pobres como destinatarios y no como interlocutores.
  • No hay suficientes agentes de pastoral social bien formados y comprometidos.
  • Falta un mayor conocimiento de la DSI.
  • A veces se actúa con una actitud paternalista en la acción social de la Iglesia.
  • Se dan respuestas a necesidades que se suponen, sin escuchar las auténticas necesidades de las personas.
  • A veces los agentes de Pastoral Social trabajan sin conocer la realidad.
  • Algunos miembros de las comunidades carecen de compromiso en el bien común.

Consecuencias

  • La falta de promoción no ayuda a que el pobre supere su situación.
  • La Iglesia poco incide en la transformación evangélica de la realidad.
  • Se crea una co-dependencia entre los agentes caritativos y las personas que son asistidas en sus necesidades.
  • Se va perdiendo la sensibilidad frente a la pobreza.
  • La Iglesia pierde credibilidad frente al mundo.

Tendencias

  • No hay transformación evangélica de la realidad social.

35.

Escenario

Laicos


Hecho englobante

En general no se tiene conciencia de su identidad y misión en la Iglesia


Reto

Que todos los agentes, laicos y presbíteros, tomemos conciencia de la identidad y misión del laico y la necesidad de su formación y acompañamiento, reconociendo en él su protagonismo transformador en la sociedad.

Causas

  • La falta de formación en su identidad y misión: ser fermento del Reino en el mundo.
  • Protagonismo exclusivo de los consagrados.
  • No hay conciencia del compromiso del sacerdocio bautismal.
  • Saturación de actividades intraeclesiales de muchos agentes laicos.

Consecuencias

  • Que el laico siga sin asumir su papel como protagonista en la vida de la Iglesia y de la sociedad.
  • Falta de compromiso en la vida cristiana, especialmente en la repercusión social de la misión del laico.
  • Distraerse en su misión.
  • Grupos herméticos, sin acoger a nuevos integrantes, anquilosados en lo que les toca: dinosaurios.

Tendencias

  • Una Iglesia sin liderazgos sociales que impacten la vida social.
  • Un laicado sin incidencia en la vida eclesial y social.

II


Juzgar con los criterios del Hijo


Marco Doctrinal


Iluminación de la realidad

36. En la metodología participativa, el marco doctrinal es el conjunto de principios que tienen su fuente en la Revelación, la Tradición de la Iglesia y el Magisterio, para responder, de manera crítica, a la realidad social y eclesial, que después de ser analizada, nos urge a que sea transformada. En otras palabras, el marco doctrinal determina cómo debe ser la Iglesia, el hombre, la sociedad y el mundo según el proyecto de Dios y, por ello, determina hacia dónde queremos ir, es decir, busca señalar el futuro deseable a donde queremos llegar, el modelo pastoral que queremos construir. Proyecta, pues, el futuro deseable para ser seguido por la acción pastoral.



¿Cómo evangelizar hoy?

37. El Concilio Vaticano II nos ha puesto en un estado de renovación eclesial a partir de la identidad de la Iglesia y su misión en el mundo contemporáneo. El Papa Paulo VI, en la exhortación postsinodal Evangelii Nuntiandi, en sintonía con el Concilio y con una clara conciencia de la misión de la Iglesia en el mundo, así como con una valentía profética, plantea tres preguntas acuciantes sobre el tema de la evangelización en la actualidad: «¿Qué eficacia tiene en nuestros días la energía escondida de la Buena Nueva, capaz de sacudir profundamente la conciencia del hombre? ¿Hasta dónde y cómo esta fuerza evangélica puede transformar verdaderamente al hombre de hoy? ¿Con qué métodos hay que proclamar el Evangelio para que su poder sea eficaz?» (n. 4). Preguntas que podemos ampliar un poco más, conforme al marco de nuestra realidad: ¿En este momento de la historia de nuestra Arquidiócesis, los pastores, los religiosos(as) y los laicos de la Iglesia estamos anunciando el Evangelio con eficacia? ¿Qué significa anunciar el Evangelio en nuestra sociedad posmoderna, liberal, capitalista y consumista? ¿Cuál es el papel de la Iglesia en el contexto secularista y posmoderno? ¿Cómo anunciar el Evangelio en medio de un ambiente de pobreza, violencia e inseguridad?



38. La validez actual de las preguntas del Papa Montini es incuestionable; su pertinencia, su plausibilidad y su profetismo son indiscutibles. En la respuesta a estas preguntas está la posibilidad de hacer presente el Reino, es decir, el anunciar y vivir el Evangelio de forma nueva aquí y ahora a través de la Misión Continental. La planeación pastoral no tiene otra finalidad que la de evangelizar en el momento histórico en el que nos toca vivir. En cuanto que se trata de un nuevo contexto, hablamos de Nueva Evangelización.



2.1


La Nueva Evangelización


Significado de la expresión Nueva Evangelización

39. La expresión «Nueva Evangelización» fue utilizada, por primera vez, en el documento de Puebla: «Situaciones nuevas que nacen de cambios socioculturales y requieren una nueva evangelización» (n. 366). San Juan Pablo II utilizó esta expresión en su patria, Polonia, el 9 de junio de 1979, en el santuario de la Santa Cruz de Mogila en Nowa Hutta; ciudad ideal del comunismo ateo, donde, a instancias del arzobispo Wojtyla, se había implantado la cruz de Cristo, a pesar de la política represora del gobierno comunista. Decía el Papa: «Se ha dado comienzo a una nueva evangelización, como si se tratara de un segundo anuncio, aunque en realidad es siempre el mismo». En América Latina la «Nueva Evangelización » toma cartas de ciudadanía pastoral, y será de forma reiterativa, a partir del 9 de marzo de 1983, cuando el mismo Papa, en Port-au-Prince, Haití, en preparación a los quinientos años de la evangelización en América, invitaba a los obispos latinoamericanos a «un compromiso vuestro como obispos, junto con vuestro presbiterio y fieles; compromiso, no de re-evangelización, pero sí de una evangelización nueva. Nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión». La triada que implica la novedad de la evangelización, es, sin duda, un gran acierto del Papa, inspirado por el Espíritu del Señor.



40. En la Redemptoris Missio, Juan Pablo II enseña que la «Nueva Evangelización» es la tarea apostólica para los países de tradición cristiana, frente a los graves problemas de descristianización: «Hoy la Iglesia debe afrontar otros desafíos, proyectándose hacia nuevas fronteras, tanto en la primera misión ad gentes, como en la nueva evangelización de los pueblos que han recibido ya el anuncio de Cristo» (n. 30). De igual forma, en la Christifideles Laici, el Papa polaco se refería a la finalidad de la Nueva Evangelización: «Esta nueva evangelización está destinada a la formación de comunidades eclesiales maduras, en las cuales la fe consiga liberar y realizar todo su originario significado de adhesión a la persona de Cristo y su Evangelio» (n. 34).



41. El Papa Benedicto XVI, preocupado por los fenómenos de descristianización, secularización e indiferencia religiosa, sobre todo en los países de hondas raíces cristianas, donde una masa ingente de bautizados ya no están evangelizados o viven al margen de la acción pastoral de la Iglesia, ha querido relanzar el llamado de la Nueva Evangelización; así creó el Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización el 21 de septiembre de 2010 y, en poco menos de un mes, el 24 de septiembre de ese año, convocó al Sínodo de los Obispos sobre «la Nueva Evangelización para la transmisión de la fe». Por su parte, el Papa Francisco nos enseña que la Nueva Evangelización se realiza fundamentalmente en tres ámbitos: el primero es la pastoral ordinaria, para encender el fuego de los que frecuentemente participan, pero necesitan crecer en el amor a Dios y al prójimo; el segundo es la misión dirigida a los bautizados que no viven su compromiso bautismal, a fin de que experimenten de nuevo la alegría de la fe y el deseo de comprometerse con el Evangelio; y el tercero, es la proclamación del Evangelio a quienes no conocen a Jesucristo o quienes lo rechazan, reconociendo que muchos de ellos buscan a Dios sin saberlo (Cf EG 14).



42. La Nueva Evangelización no es una ruptura con la primera evangelización realizada por el Señor Jesús y sus Apóstoles. Es la misma tarea perenne encomendada a la Iglesia, pero aprendiendo de la capacidad de adaptación del Evangelio en contextos nuevos y desafiantes. En América Latina esta Nueva Evangelización lleva el nombre de Misión Continental, que se realiza con el eje del discipulado misionero y tiene como finalidad que nuestros pueblos en Cristo tengan vida plena. De ahí, nuestra mirada tiende a Jesús y su Evangelio como paradigma de toda acción evangelizadora. Jesucristo, el Hijo del Padre y el ungido del Espíritu, es el origen, el centro y la finalidad de la evangelización, es el corazón del Evangelio, el núcleo fundamental: «Lo que resplandece es la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado » (EG 36).



a) La primera evangelización,
paradigma de toda evangelización)

Jesucristo es el centro de la evangelización

43. La Nueva Evangelización no es una ruptura con la primera evangelización realizada por el Señor Jesús y sus Apóstoles. Es la misma tarea perenne encomendada a la Iglesia, pero aprendiendo de la capacidad de adaptación del Evangelio en contextos nuevos y desafiantes. En América Latina esta Nueva Evangelización lleva el nombre de Misión Continental, que se realiza con el eje del discipulado misionero y tiene como finalidad que nuestros pueblos en Cristo tengan vida plena. De ahí, nuestra mirada tiende a Jesús y su Evangelio como paradigma de toda acción evangelizadora. Jesucristo, el Hijo del Padre y el ungido del Espíritu, es el origen, el centro y la finalidad de la evangelización, es el corazón del Evangelio, el núcleo fundamental: «Lo que resplandece es la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado » (EG 36).



Jesús instauró el Reino de Dios

44. Jesús instauró el Reino de Dios con su predicación y realizando abundantes acciones-signo. Tanto la predicación como los signos son fundamentales para entender cómo realizó su misión y cómo la Iglesia ahora prolonga en el espacio y el tiempo lo esencial de esa predicación y de esos signos. Jesús predicó la Buena Nueva del Reino especialmente por medio de las parábolas (cf. Mt 13; Mc 4,1-34). En sus palabras se realiza ya el Reinado de Dios porque es Palabra llena de autoridad, que da vida y porque revela lo propio de ese Reino, pues «les enseñaba como quien tiene autoridad» (Mc 1,22). En las parábolas, el Reino aparece en su inicio como algo medio oculto, casi imperceptible; no es espectacular ni avasallador, porque no depende de las fuerzas humanas ni de las estrategias de la creatividad programadora de los hombres; el Reino es de Dios y es de él de quien depende. El Reino es como una semilla sembrada en diversas tierras, semilla buena que crece junto a la cizaña, semilla de mostaza, levadura entre la masa, etc. El hombre debe pedir el Reino: «Padre… venga tu Reino» (Mt 6,10), disponerse a recibirlo y dejar que crezca en él, como la tierra buena deja que la semilla germine en su seno, porque ésta posee una virtualidad propia hasta «dar fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta» (Mt 13,8). Quien acepta a Cristo y su palabra, acepta el Reinado de Dios, se transforma en hijo de Dios por don divino y se abre a la comunión nión fraterna, así es capaz de asumir los criterios del Padre en la corrección fraterna (Cf Mt 18,15-18), el amor solidario (Cf Lc 10,29-37), el perdón (Cf Mt 18,21-22), el servicio (Cf Mc 10,41-45), etc.



Los Milagros-Signos del Reino

45. Jesús realizó muchos signos que hacen presente el Reino: curó a los enfermos, expulsó demonios, reunió a sus discípulos como una nueva familia, se sentó a la mesa con pecadores. En el tiempo de Jesús la enfermedad tenía una connotación religiosa, más allá de las dolencias y las insuficiencias físicas; era una manifestación de la falta de comunión con Dios por causa de un pecado personal o colectivo, o porque se poseía un espíritu demoniaco. La salud es el retorno a Dios y a la comunión con el pueblo santo de Israel; cuando Jesús sana a un enfermo revela el poder que posee de perdonar los pecados y de someter al demonio, así como el de hacer presente una nueva situación de vida plena en comunión con Dios y en una sana inserción comunitaria.



Comunión fraterna como signo del Reino

46. Una nueva sociedad humana convocada por Jesucristo para formar una familia de discípulos, lleva a pensar en la constitución de un nuevo pueblo de Dios cuyo lugar de realización es el hogar familiar, el espacio doméstico en donde él y todo ser humano es recibido, acogido y, con mayor facilidad, puede ser «encontrado» (Cf Mc 3,31-35; Lc 8,21). La comunión fraterna del Reino se revela en la domus ecclesiae, que es el espacio de conocimiento de Dios, de nuevas relaciones de fraternidad, de comunión, liberación y servicio, llegando a tener un solo corazón (Cf Hech 2,42-47). También Jesús se sienta a la mesa con publicanos y pecadores (Cf Lc 5,29-32); sentarse a la mesa era compartir en comunión y familiaridad el pan, los ideales, la vida; la mesa tiene una grandísima significación social, pues convalida el status socio-religioso de los comensales. Por esta razón, el hecho de que Jesús comparta la mesa con los despreciados hace que sea un signo teológico de la gratuidad divina y del perdón del Padre que, a través de su Hijo, restituye la dignidad de los pecadores, como bien aparece en las parábolas de la misericordia, pues «habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta...» (Lc 15,7).



Misterio Pascual

47. La Pascua de Jesús en Jerusalén realiza la soberanía marcó toda su existencia» (EG 269). Es precisamente en el momento de la cruz cuando Jesús, el evangelizador, se nos dona en obediencia como Hijo, para que podamos ser hijos del Padre. «Aun siendo Hijo, por los padecimientos aprendió la obediencia y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación para todos los le obedecen» (Heb 5,8-9). En la cruz reconcilia al hombre con Dios haciéndolo hijo, pero también nos reconcilia a los hombres para que podamos ser hermanos, rompiendo con su sangre el muro del odio que nos separaba. «En Cristo Jesús, vosotros… habéis llegado a estar cerca por la sangre de Cristo. Porque Él es nuestra paz: el que de los dos pueblos, hizo uno, derribando el muro divisorio, la enemistad» (Ef 2,13-14). La resurrección de Cristo es la plenitud del Reino en la historia del hombre Jesús, que posibilita y fundamenta la esperanza de nuestra propia resurrección, que ya, pero todavía no, se realiza en el momento presente. Así, la historia queda también plenificada por la resurrección y nos tensa para la instauración del Reino escatológico, siempre de forma creciente.



Testimonio apostólico

48. Los apóstoles, después de la resurrección de Cristo, dieron testimonio del Resucitado e hicieron posible la experiencia de vida en nuevas relaciones humanas en la Iglesia, fundadas en la gracia de la filiación divina en Jesucristo por el Espíritu Santo. Cada apóstol siguió sus propios métodos y sus propias expresiones, según la cultura de sus interlocutores, pero conservando unas mediaciones comunes que permitieran dar continuidad a la obra de Cristo y que configuraran una comunión de fe que vinculara a todas las comunidades, más allá de las propias particularidades. Estas mediaciones eclesiales, que debían de conservar lo sustancial, tienen un carácter católico o universal y son, todavía hoy, las que se deben conservar siempre en el proceso de inculturación del Evangelio en todas las latitudes, por su potencialidad y vitalidad.



Mediaciones comunes de evangelización apostólica

49. Las mediaciones comunes de la evangelización apostólica, como lo señala el libro de los Hechos de los Apóstoles en el capítulo 2, 42-47, son el anuncio de la Palabra, la celebración de la fe y la comunión con los pastores del Pueblo de Dios. Todas las primeras comunidades se reunían para escuchar la predicación de los apóstoles, para la lectura de la Escritura; a su vez anunciaban con gozo kerigmático a todas las personas, la actuación de la salvación en Cristo, con la finalidad de que muchos se adhirieran a la fe en Jesucristo; profundizaban la fe que habían recibido por medio de la catequesis y se esforzaban por hacer asequible el mensaje de Jesús en las categorías y en el lenguaje de sus oyentes. De la misma manera, las primitivas comunidades, más allá de sus peculiaridades, celebraban los mismos sacramentos, especialmente el Bautismo y la Eucaristía; llevaban todos una vida de oración,dirigiéndose confiadamente a Dios como Padre, conforme a las enseñanzas del Salvador y a la tradición heredada de Israel. También vivían en comunión como nuevo Pueblo de Dios, conformado en pequeñas comunidades cuya exigencia primordial era el seguimiento de Jesús; se llamaban entre ellos hermanos, llamando la atención de los paganos por sus relaciones marcadas por el amor fraterno y solidario; se regían por el cuidado y la autoridad pastoral de alguno de los apóstoles o de uno de sus sucesores; a su vez, entre éstos existía una comunión colegial y apostólica, bajo la primacía servicial, carismática y jurídica de Pedro y sus sucesores. Esta primera evangelización es y será siempre el paradigma de toda evangelización en la Iglesia.



b) La novedad de la evangelización

La Iglesia continúa la obra de Cristo

50. La Iglesia hoy evangeliza; esa es su misión, para eso existe. Como en la primera evangelización, la Iglesia deberá anunciar con nuevo ardor, nuevos métodos y nuevas expresiones el mensaje perenne y universal de la salvación obrada por Cristo. La Nueva Evangelización es la misión de siempre de la Iglesia, que se hace nueva por ser la novedad que presenta el hoy de la historia. Esta misión a evangelizar es de carácter universal: todos los hombres, sin ninguna exclusión, tienen el derecho de recibir el Evangelio de Cristo de parte de los cristianos, y ninguno de ellos, de los cristianos, está exento del deber de evangelizar. «Es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco ni miedo… no puede excluir a nadie» (EG 23).



Significado de Nueva Evangelización

51. Nueva Evangelización no significa, pues, un mensaje nuevo; «El adjetivo “nueva” hace referencia al cambio del contexto cultural y evoca la necesidad que tiene la Iglesia de recuperar energías, voluntad, frescura e ingenio en su modo de vivir la fe y de transmitirla»2. Podemos entender, entonces, como «Nueva Evangelización», «el esfuerzo de renovación que la Iglesia está llamada a hacer para estar a la altura de los desafíos que el contexto socio-cultural actual pone a la fe cristiana, a su anuncio y a su testimonio, en correspondencia con los fuertes cambios en acto»3. Por tanto, más que un programa de múltiples actividades es un talante existencial, una espiritualidad, un estilo de pastoral más marcado por la audacia misionera generada por el encuentro con el Resucitado, por su Espíritu, que suscita un ardor por hacer presente su Reino. La Nueva Evangelización reclama «evangelizadores con Espíritu… que se abren sin temor a la acción del Espíritu Santo» (EG 259). Así, la Nueva Evangelización no puede ser el interés por «conservar», con costosas estrategias, a los fieles que todavía frecuentan hoy la Iglesia. No se trata de realizar acciones centradas para volver al régimen de «Cristiandad », ni de «autopresevación» (Cf EG 27), ni de proselitismo frente a otras confesiones cristianas ni, mucho menos, ver a las personas como objeto de persuasión y no como interlocutores libres y responsables de su historia.



Significado de Nueva Evangelización

52. La tarea de la Nueva Evangelización es buscar con nuevo ardor y audacia los caminos más aptos para poder entablar un fecundo diálogo con todas las personas y toda la sociedad, para juntos responder a las esperanzas más profundas y a la sed de Dios de los hombres, anunciando a Cristo como «Camino, Verdad y Vida» (Jn 14,6). Debemos recordar permanentemente que «el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas. […] que hablará a las búsquedas más hondas de los corazones» (EG 265). Evangelizar al mundo hoy, quizá, sea la capacidad, «siempre respetuosa y amable » (EG 127), de colocar de forma creativa la pregunta sobre Dios y el sentido de la vida y, aunada a la pregunta, el testimonio de la propia vida cristiana como don que nace del encuentro con Cristo, que da sentido y plenitud. «La Nueva Evangelización busca leer los deseos del hombre en la cultura de su época. Al hambre de identidad y destino corresponde el pan de la fe definida y cierta»4. Así, la novedad permanente radica en la Buena Nueva de la salvación obrada por Dios en Jesucristo, su Unigénito, en «quien se esclarece el misterio del hombre » (GS 22). No se puede jamás inventar un nuevo evangelio, pues «aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto, ¡sea maldito!» (Ga 1,8); más bien, debemos volver la mirada a Jesucristo, la antigua y nunca envejecida novedad, que constituye el fundamento y la invaluable riqueza de toda evangelización.



Llevar a Cristo a la cultura actual

53. La Iglesia, como los Apóstoles en su momento, a través de la Nueva Evangelización, deberá ser capaz de leer y discernir los nuevos escenarios culturales para el anuncio del Evangelio, a fin de que éste cree cultura como maduración de la confesión creyente, como lo afirmaba san Juan Pablo II: «Una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida, no totalmente pensada, no fielmente vivida»5. La Nueva Evangelización lleva a la Iglesia al diálogo con todas las nuevas realidades para «llevar al corazón de la cultura de nuestro tiempo, aquel sentido unitario y completo de la vida humana » (DA 41), para llevar a Cristo, a fin de que en Él la cultura pueda ser de vida plena para todos los hombres. Nuestro pueblo sencillo, por medio de la piedad popular, ha realizado esa tarea de inculturación del Evangelio (cf. EG 122). El Papa Francisco es contundente cuando afirma la importancia de la evangelización de la cultura y de la inculturación del Evangelio, en cuanto que una cultura cristiana «tiene muchos más recursos que una mera suma de creyentes frente a los embates del secularismo actual. Una cultura popular evangelizada contiene valores de fe y de solidaridad que pueden provocar el desarrollo de una sociedad más justa y creyente» (EG 68).



54. El diálogo con la cultura es la confesión implícita de la presencia salvífica de Dios en todas las culturas y de que en éstas hay elementos de santidad y verdad (Cf LG 8), o semillas del Verbo, que hay que descubrir para llevarlas a su perfección, ofreciendo a Jesucristo, que es plenitud de vida y de comunión, respuesta plena a todas las búsquedas de sentido y de felicidad. La cultura es «el estilo de vida que tiene una sociedad determinada, el modo propio que tienen sus miembros de relacionarse entre sí, con las demás criaturas y con Dios» (EG 115). Nuestra mirada sobre las culturas debe ser crítica y debe tener en cuenta que toda cultura, como elemento humano, es ambivalente. Por una parte tiene semillas del Verbo, pero por otra, está marcada por el pecado; de ahí que la fe debe purificarla y elevarla, como la gracia supone, purifica y eleva la naturaleza.



Evangelización y promoción humana

55. Así como la Nueva Evangelización dirige el diálogo de la Iglesia con todas las culturas para purificarlas y elevarlas a fin de inculturar el Evangelio, también crea condiciones de nueva humanidad, lo cual a sido llamado por el magisterio latinoamericano «promoción humana». El Papa Paulo VI afirmaba que evangelizar es crear nuevas condiciones de vida digna para todo el hombre y para todos los hombres; el influjo del Evangelio suscita hombres nuevos que son capaces de renovar toda la humanidad (Cf EN 18). El beato Paulo VI apunta a una evangelización con criterios eminentemente antropológicos: «alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad» (EN 19). Estos criterios nos hacen pensar que la finalidad última de la Nueva Evangelización es la participación de la vida de Cristo, vida abundante y plena, a todos los hombres de todas las culturas y en los diversos escenarios históricos, y que abarca desde la dimensión espiritual de la vida de la gracia hasta la vida físico-biológica-ecológica-cultural-política.



56. El mismo beato Paulo VI señala que la promoción humana, fruto de la evangelización, tiene su justificación desde la antropología, en cuanto que el hombre, ser pluridimensional, tiene aspectos sociales, económicos, culturales, etc. que le son esenciales. También la justifica teológicamente, en cuanto que no se puede hablar de dos planos ajenos e incluso antagónicos cuando se trata de la creación y la salvación, de naturaleza y gracia; no deja de advertir, sin embargo, del peligro de reduccionismo de orden intrahistórico o sociológico (Cf EN 31). El Papa Francisco en su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, también ofrece una justificación eclesiológica: «Así como la Iglesia es misionera por naturaleza, también brota ineludiblemente de esa naturaleza la caridad efectiva con el prójimo, la compasión que comprende, asiste y promueve» (n. 179). En esta misma línea, el magisterio latinoamericano ha intuido proféticamente que el compromiso por la justicia y la promoción humana, que se manifiesta en la opción preferencial por los pobres, es una dimensión de la misma tarea evangelizadora. «Nuestra conducta social es parte integrante de nuestro seguimiento de Cristo» (DP 476).



Evangelización nueva en su ardor

57. La urgencia de una Nueva Evangelización, requiere, como condición esencial, una novedad en su ardor y este ardor exige, a su vez, la conversión personal y pastoral. Que el ardor haga buscar nuevos métodos y expresiones lo han subrayado nuestros obispos, aunque no sea en forma positiva: «Percibimos una evangelización con poco ardor y sin nuevos métodos y expresiones» (DA 100c). Igualmente, ante los gravísimos desafíos que presenta la realidad a la acción pastoral de la Iglesia, lamentan, gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad» (DA 12). Es necesaria una conversión pastoral que nos lleve a todos a un encuentro con Cristo y a un nuevo ardor, que despierte «la capacidad de someterlo todo al servicio de la instauración del Reino de vida» (DA 366). Nuevo ardor porque se ha encontrado a Dios en Jesucristo, que conduce a la santidad de vida y a la transformación total, en cuanto que se adquiere una nueva orientación en la vida, un nuevo horizonte de comprensión de la propia realidad y de la realidad social. «La primera motivación para evangelizar es el amor de Jesús que hemos recibido, esa experiencia de ser salvados por Él que nos mueve a amarlo siempre más» (EG 264). Solamente desde el ardor que nos lleva a anunciar con parresía el Evangelio de Cristo, se pueden revisar las estructuras eclesiales y renovarlas, pues hemos de reconocer que, en todos los niveles, «hay estructuras eclesiales que pueden llegar a condicionar un dinamismo evangelizador» (EG 26. 259).



Evangelización nueva en sus métodos

58. La novedad en el método y en la expresión es fruto de la novedad en el ardor. Novedad en el método implica seguir la misma metodología de Jesús, pero utilizando las herramientas actuales. ¿Cuál es el método de Jesús? Él, como Buen Pastor, busca 64 65 La Nueva Evangelización al servicio del Reino VI Plan Diocesano de Pastoral y «sale» al encuentro de quien estaba perdido, lo llama por su nombre para que sea su discípulo y para que comparta con Él la vida: «vengan y vean» (Jn 1,39). Jesús permite que cada persona despliegue todas sus capacidades y potencialidades para que, siguiéndolo, pueda ofrecerse en comunión a la misión, confiada por el Padre. Se trata de un método lleno de simpatía, acogida, respeto, caridad, interés por la persona más que por la ley (que está para servir al hombre), etc. Sobre el método seguido por Jesús dicen nuestros obispos latinoamericanos:

El itinerario formativo del seguidor de Jesús hunde sus raíces en la naturaleza dinámica de la persona y en la invitación personal de Jesucristo, que llama a los suyos por su nombre, y éstos lo siguen porque conocen su voz. El Señor despertaba las aspiraciones profundas de sus discípulos y los atraía a sí, llenos de asombro. El seguimiento es fruto de una fascinación que responde al deseo de realización humana, al deseo de vida plena. El discípulo es alguien apasionado por Cristo, a quien reconoce como el maestro que lo conduce y acompaña (DA 277).



59. La urgencia de una Nueva Evangelización, requiere, como condición esencial, una novedad en su ardor y este ardor exige, a su vez, la conversión personal y pastoral. Que el ardor haga buscar nuevos métodos y expresiones lo han subrayado nuestros obispos, aunque no sea en forma positiva: «Percibimos una evangelización con poco ardor y sin nuevos métodos y expresiones» (DA 100c). Igualmente, ante los gravísimos desafíos que presenta la realidad a la acción pastoral de la Iglesia, lamentan, gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad» (DA 12). Es necesaria una conversión pastoral que nos lleve a todos a un encuentro con Cristo y a un nuevo ardor, que despierte «la capacidad de someterlo todo al servicio de la instauración del Reino de vida» (DA 366). Nuevo ardor porque se ha encontrado a Dios en Jesucristo, que conduce a la santidad de vida y a la transformación total, en cuanto que se adquiere una nueva orientación en la vida, un nuevo horizonte de comprensión de la propia realidad y de la realidad social. «La primera motivación para evangelizar es el amor de Jesús que hemos recibido, esa experiencia de ser salvados por Él que nos mueve a amarlo siempre más» (EG 264). Solamente desde el ardor que nos lleva a anunciar con parresía el Evangelio de Cristo, se pueden revisar las estructuras eclesiales y renovarlas, pues hemos de reconocer que, en todos los niveles, «hay estructuras eclesiales que pueden llegar a condicionar un dinamismo evangelizador» (EG 26. 259).



Evangelización nueva en sus expresiones

60. La novedad en la expresión es exigida teológicamente por la encarnación de la Palabra en la historia. Esta exigencia reclama buscar lenguajes acordes con la mentalidad de nuestros interlocutores; saber traducir la Palabra con una doble fidelidad: a Dios y a la historia. Uno de los signos de la inculturación es, sin lugar a dudas, asumir, purificar y dar plenitud a la gramática de la vida de cada cultura, su lenguaje antropológico y cultural manifestado en el lenguaje, en los símbolos, en los mitos, en una palabra, en la cosmovisión, sin dejar de lado, un lenguaje que sea más claro, convincente y vinculante para la forma de pensar actual, tanto en el anuncio del kerigma como en la catequesis, en la liturgia e incluso en la teología, como lo dice el Papa Francisco: «Expresar las verdades de siempre en un lenguaje que permita advertir su permanente novedad» (EG 41).



2.2


LA MISIÓN CONTINENTAL
PERMANENTE ES LA NUEVA
EVANGELIZACIÓN EN AMÉRICA
LATINA


Misión Continental

61. El documento conclusivo de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Aparecida ha despertado la conciencia misionera, en cuanto que ubica a todos los cristianos bajo la categoría de discípulos misioneros. De esta manera, en comunión con el sucesor de Pedro, nos ha convocado a una Misión Continental con carácter permanente para anunciar la Buena Nueva de Jesucristo para que nuestros pueblos tengan vida nueva y plena en Cristo. Así la Misión Continental es la realización concreta de la Nueva Evangelización en nuestro continente latinoamericano, como lo decía Benedicto XVI al final de la homilía de clausura del pasado Sínodo de los Obispos para la Nueva Evangelización.



62. La Misión Continental profundiza, supone y asume la Nueva Evangelización, como invitación del Santo Padre a la Iglesia Universal, como un modo de ser propio de la Iglesia latinoamericana, haciendo una particular recepción del Concilio Vaticano II y respondiendo al contexto de secularización y de marginación en este continente. Ciertamente América Latina vive el secularismo como los demás países, pero se agrava la situación por el ataque proselitista de numerosas comunidades cristianas, que no satisfaciendo plenamente el corazón de los hombres, van dejando una estela de indiferencia religiosa. Por otra parte, los graves problemas de marginación, pobreza, violencia y corrupción, se han acentuado desde la aplicación de los modelos económicos neoliberales. A fin de responder a esta desafiante realidad, nuestros obispos convocan a la Misión Continental y dan el sentido de ésta:

Asumimos el compromiso de una gran misión en todo el Continente, que nos exigirá profundizar y enriquecer todas las razones y motivaciones que permitan convertir a cada creyente en un discípulo misionero. Necesitamos desarrollar la dimensión misionera de la vida en Cristo. La Iglesia necesita una fuerte conmoción que le impida instalarse en la comodidad, el estancamiento y en la tibieza, al margen del sufrimiento de los pobres del Continente. Necesitamos que cada comunidad cristiana se convierta en un poderoso centro de irradiación de la vida en Cristo (DA 362).



63. No se trata de una misión popular ni de una actividad pastoral que se realiza y se acaba, sino de un proceso misionero que nace del encuentro con Cristo, suscita la conversión personal y pastoral para seguir al Señor en la comunión eclesial y vivir su misión de instauración del Reino en el mundo, para que en Cristo tenga vida plena. La Misión es el mayor desafío de la Iglesia porque implica salir de sí misma, ir al encuentro del otro para manifestar la alegría profunda de haber encontrado el gran Tesoro. La misión, nos enseña el Papa Francisco, «siempre tiene la dinámica del éxodo y del don, del salir de sí, del caminar y sembrar siempre de nuevo, siempre más allá» (EG 21). El objetivo de la Misión Continental en la Arquidiócesis de Guadalajara es «abrirnos al impulso del Espíritu Santo, mediante la escucha de la Palabra, la vivencia de la Eucaristía y el ejercicio de la caridad, para hacer de cada uno de los miembros de nuestras familias cristianas un verdadero discípulo misionero»6. El discipulado misionero es el eje central, y la vida plena y abundante en Cristo es la finalidad de esta misión.



64. La misión es una tarea confiada. Jesucristo es el primer misionero enviado por el Padre al mundo para nuestra salvación, luego Jesús envía a sus discípulos: «Como el Padre me envió, también yo os envío» (Jn 20,21). La misión de la Iglesia es la tarea que Cristo confió a sus discípulos de llevar el Evangelio de salvación a todos los rincones de la tierra. No tendríamos razones para pensar que evangelización y misión son dos tareas distintas, sino que son dos expresiones de la misma realidad. «Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar» (EN 14). La Misión Continental quiere ser la realización del mandato evangelizador de Jesucristo en el contexto latinoamericano de inicio del siglo XXI, con las características propias de nuestros pueblos y con un marcado énfasis en la promoción humana, por los múltiples rostros mutilados que la historia de los poderosos ha reducido a la marginalidad; así mismo, la evangelización en este continente tiene como punto de referencia la corresponsable participación popular de todos los que formamos el Pueblo de Dios.



Destinatarios de la Misión Continental

65. Una de las grandes novedades de la Misión Continental está en la concepción de los destinatarios. Generalmente la misión venía entendiéndose Missio AdGentes, o bien, como un tiempo determinado, uno o dos meses, de una intensa actividad pastoral para poner al corriente a los que vivían de forma irregular o no habían recibido algún sacramento. Quizá en la misma concepción de la palabra misión, se perciba como una fuerza hacia afuera, pero bien vale la pena plantearse el refrán popular de «nadie da lo que no tiene». En la Misión Continental los destinatarios primeros son los agentes de pastoral: obispos, presbíteros, los religiosos y religiosas y los laicos comprometidos, para que puedan ir al mundo y encontrar los interlocutores con los que, en fecundo diálogo, se testimonie a Cristo vivo, presente y operante. «Todos tenemos que dejar que los demás nos evangelicen constantemente» (EG 121).



66. La misión de la Iglesia, entonces, se realiza también, de forma primaria y necesaria ad intra, como fuerza centrípeta a fin de reanimar, purificar, confirmar y confesar la fe en Cristo como discípulos misioneros; es el primer ámbito de la Nueva Evangelización. La misión ad extra se realiza como fuerza centrífuga, que ilumina al mundo con la fuerza y la belleza de la fe para que en Cristo tenga vida plena. La conjugación de estas dos fuerzas son las que dan sentido a la Misión Continental. El desafiante contexto de secularización reclama un nuevo Pentecostés, «que nos libre de la fatiga, la desilusión, la acomodación al ambiente» (DA 362) en los agentes de pastoral.



Discipulado misionero

67. El fundamento teológico y pastoral de la Misión Continental es el discipulado misionero. ¿Quién es discípulo misionero? «En virtud del bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero» (EG 119). Se trata de una nueva categoría teológica fundamental que el magisterio latinoamericano ha querido poner de relieve en el momento de vivir la renovación eclesial promovida por el Vaticano II en nuestro continente. Si no tomamos conciencia de que la misión es la consecuencia del discipulado podríamos construir más un proyecto humano que el de Dios; podríamos pensar y realizar la misión desvinculada de Cristo o de la comunión eclesial. En este sentido, no es del todo ajeno al dominio popular, que han existido misioneros, y por desgracia pueden todavía existir, que realizan una acción misionera sin una vinculación existencial con lo que hacen, de ahí la necesidad de ser los primeros evangelizados para poder evangelizar, recibir el kerigma para poder transmitir la alegría de la propia salvación de forma testimonial.



68. La mision del evangelizador brota de su ser discípulo, y el hecho de ser discípulo lo lleva a la misión. Discipulado y misión son palabras correlativas que se reclaman mutuamente tanto en su significado bíblico como teológico: «llamó a los que él quiso; y vinieron junto a él. Instituyó Doce, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar a los demonios» (Mc 3,13-14). La oración es el pulmón del discípulo misionero, sin oración se mutila o se parcializa el Evangelio; sin oración la misión pierde el gozne en el cual gira, que es el discipulado. El Papa Francisco recomienda vivamente que se cultive «un espacio interior que otorgue sentido cristiano al compromiso y a la actividad», y nos advierte que «sin momentos detenidos de adoración, de encuentro orante con la Palabra, de diálogo sincero con el Señor, las tareas fácilmente se vacían de sentido, nos debilitamos por el cansancio y las dificultades, y el fervor se apaga» (EG 262).



69. El Documento de Aparecida dibuja el itinerario formativo del discípulo misionero como un proceso dinámico que se realiza en cinco momentos o dimensiones, que «se compenetran íntimamente y se alimentan entre sí» (DA 278): el encuentro con Cristo, la conversión, el discipulado, la comunión y la misión.



a) Kerigma y formación para la misión

Encuentro con Cristo

70. El Papa Benedicto XVI ha insistido permanentemente en que el cristianismo no es una religión del Libro, no brota de una deducción especulativa ni de una decisión ética, sino del alegre anuncio kerigmático que lleva a una personal e intensa experiencia con Cristo, muerto y resucitado por nosotros. «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (DCE 1). De igual forma, el Papa Francisco nos invita «a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo» (EG 3). Este encuentro se da siempre en el ámbito de la gracia de Dios que interpela la libertad de cada persona; la iniciativa siempre la toma el Señor, por eso «la primacía de la gracia debe ser un faro que alumbre permanentemente… la evangelización» (EG 112). El kerigma es el centro de toda actividad pastoral y es la fuente de renovación eclesial. «Es el fuego del Espíritu que se dona en forma de lenguas y nos hacer creer en Jesucristo, que con su muerte y resurrección nos revela y nos comunica la misericordia infinita del Padre» (EG 164). El kerigma es el anuncio primero porque es el principal y siempre hay que volver a escucharlo de diversas maneras y en distintas circunstancias.



71. La palabra encuentro alude a la capacidad humana de relaciones interpersonales que plenifican y llenan de sentido, es decir, el reconocimiento de la necesidad existencial de tener presente y estar, aquí y ahora, con las personas con las que se establecen cualquier tipo de vínculos, sea de orden familiar, social o laboral. Estos vínculos dan identidad y pertenencia; establecen derechos y obligaciones. Cuando el encuentro es auténtico, existe el empeño que compromete y que nace de un compartir la vida, los sentimientos, las ideas, los proyectos. Hay un vínculo de amor en el que se culmina el encuentro. Como se trata de una relación que nace en el amor mutuo, se juega la vida por la persona que se ama.



72. El encuentro con Cristo presupone apertura, interpelación, aceptación incondicional, por lo que implica una comunicación que abre al hombre más allá de sus limitaciones y pecados. Por eso el hombre viviendo un encuentro con Cristo queda liberado de sus pecados y con el compromiso de asumir una nueva vida de amistad y de amor con el Señor. A partir del encuentro con Cristo nace una nueva criatura, hay una conversión y comienza el seguimiento hasta la configuración con el Señor.



Seguimiento de Cristo

73. El seguimiento, que surge del encuentro y la decisión de la conversión, es la orientación total del discípulo al Maestro. El seguimiento, al que llama Jesús, implica cercanía con él, conocimiento mutuo, adhesión, también implica movimiento, porque Jesús es el profeta itinerante, que no tiene donde reclinar la cabeza (cf. Mc 3,13; Mt, 8,20). Porque Jesús es un hombre desinstalado, el que lo sigue debe también ser profundamente libre, capaz de andar en camino; por esta razón, para comenzar el itinerario del seguimiento el Señor pide la conversión, la metanoia, el cambio de mentalidad, la apertura y, sobre todo, la vivencia de comunión y participación en una comunidad fraterna.



Espiritualidad de comunión

74. El encuentro con Jesucristo y el seguimiento se realizan siempre por y en la mediación eclesial. Por eso la Iglesia, la convocación de los discípulos para la misión de parte de Cristo, es misterio de comunión y participación, que tiene su origen y su fundamento en la comunión trinitaria y su realización por medio de la espiritualidad de comunión. Por eso, la comunión no puede ser un mero gesto de funcionalidad, es decir, comprometer cosas o proyectos, pero no comprometerse a sí mismo. Los elementos esenciales de la espiritualidad de comunión vienen bien señalados en la Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte, de Juan Pablo II, que define a la Iglesia como «casa y escuela de comunión».



75. Espiritualidad de la comunión significa ante todo una mirada del corazón hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida también en el rostro de los hermanos que están a nuestro lado. Espiritualidad de la comunión significa, además, capacidad de sentir al hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo místico y, por tanto, como «uno que me pertenece», para saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, para intuir sus deseos y atender a sus necesidades, para ofrecerle una verdadera y profunda amistad. Espiritualidad de la comunión es también capacidad de ver lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios: un «don para mí», además de ser un don para el hermano que lo ha recibido directamente. En fin, espiritualidad de la comunión es saber «dar espacio» al hermano, llevando mutuamente la carga de los otros (Cf Ga 6,2) y rechazando las tentaciones de egoísmo que continuamente nos asechan y engendran competitividad, ganas de hacer carrera, desconfianza y envidias (NMI 43).



76. El documento de Aparecida, por su parte, señala que vivir la comunión es ya la realización de la misión, en cuanto que el amor comunicativo es siempre atrayente:

La Iglesia, como «comunión de amor», está llamada a reflejar la gloria del amor de Dios que es comunión y así atraer a las personas y a los pueblos hacia Cristo. En el ejercicio de la unidad querida por Jesús, los hombres y mujeres de nuestro tiempo se sienten convocados y recorren la hermosa aventura de la fe. «Que también ellos vivan unidos a nosotros para que el mundo crea» (Jn 17,21). La Iglesia crece no por proselitismo sino por atracción: como Cristo «atrae a todos a sí con la fuerza de su amor». La Iglesia «atrae» cuando vive en comunión, pues los discípulos de Jesús serán reconocidos si se aman los unos a los otros como Él nos amó (DA 159).



Kerigma

77. La misión que realiza el discípulo misionero por encargo de Cristo y siempre en comunión consiste en la predicación del kerigma, que busca la adhesión a Jesús de aquellos que están dispuestos a abrazar la fe. El kerigma es el mensaje central del Evangelio con el que empieza un itinerario de iniciación cristiana que culmina, pero no termina, en el Bautismo y en la profesión, profundización y vivencia de la fe. La propuesta de la Buena Nueva apela la libertad de la persona y le exige tomar postura en torno a Cristo.

El kerigma demanda ciertas características del anuncio que hoy son necesarias en todas partes: que exprese el amor salvífico de Dios previo a la obligación moral y religiosa, que no imponga la verdad y que apele a la libertad, que posea unas notas de alegría, estímulo, vitalidad, y una integralidad armoniosa que no reduzca la predicación a unas pocas doctrinas a veces más filosóficas que evangélicas. Esto exige al evangelizador ciertas actitudes que ayudan a acoger mejor el anuncio: cercanía, apertura al diálogo, paciencia, acogida cordial que no condena (EG 165).



78. El discípulo misionero también realiza la misión en la celebración de la fe, sobre todo en la Eucaristía y en los demás sacramentos, pero también en la liturgia de la vida y en la vida de oración. Igualmente, al construir una comunión de amor en la solidaridad, a fin de que la civilización del amor llegue a instaurarse, el discípulo misionero está realizando la misión. En fin, ahí donde se genera vida, vida humana digna y plena, ahí se está realizando la Misión Continental.



79. El kerigma no se abandona nunca, como si se tratara de un primer paso que después hay que dejar atrás, porque permanentemente debemos escuchar y anunciar el amor infinito que Dios nos ha tenido en su Hijo Jesucristo, que murió por nosotros para participarnos de su vida en la resurrección. Por ello, «toda formación cristiana es ante todo la profundización del kerigma» (EG 165). El itinerario formativo del discípulo misionero exige que la formación sea integral y permanente. En cuanto que es un itinerario de seguimiento de Cristo, la formación tiene la característica de ser un proceso continuo, que busca desarrollar de forma armónica y coherente todas las dimensiones de la persona humana.



b) Para que nuestro pueblo en Cristo tenga vida

La vida nueva en Cristo

80. La Nueva Evangelización que se realiza en América Latina por medio de la Misión Continental, tiene como finalidad la instauración del Reino de la vida, que también se ha llamado: la civilización del amor, la cultura de la vida y de la solidaridad, la vida plena en Cristo, etc. Toda acción evangelizadora tiene esta finalidad y todo debe estar sometido a ello. El documento de Aparecida asume en su mismo título como finalidad la vida plena en Cristo: «Discípulos misioneros para que nuestros pueblos en Él tengan vida». En el actual contexto histórico, difícil y contradictorio, desgraciadamente, tan acostumbrado a la violencia y a la muerte, la Iglesia debe salir de sí misma al mundo, con la convicción de «ofrecer a todos la vida de Jesucristo», aunque en ello se corran algunos riesgos.

Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos. […] Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, mientras afuera hay una multitud hambrienta. (EG 49).



Diversos conceptos de vida

81. ¿Qué entendemos por vida plena en Cristo? La palabra vida puede ser entendida de diversas formas, que generan en la práctica acciones incluso contrarias entre sí. Una mirada sólo científica, que entiende la vida como el conjunto de factores físico- químicos, deja de lado la dimensión espiritual y trascendente de la vida, permitiendo que sea manipulada sin ninguna referencia ética. La cultura de la muerte que promueve el aborto, la anticoncepción, la eutanasia, la guerra, el narcotráfico, la violencia, etc., contradictoriamente argumenta que sus acciones están fincadas en la búsqueda de una mejor calidad de vida.



Vida digna, vida nueva y vida plena

82. La Misión Continental es el ofrecimiento de la vida de Dios, participada a nosotros desde la creación del mundo. «Todo ser humano existe pura y simplemente por el amor de Dios que lo creó y por el amor de Dios que lo conserva en cada instante» (DA 388). De ahí que la Iglesia asuma la defensa de la vida humana desde el momento de su concepción hasta el momento de la muerte natural, y no sólo en los momentos más vulnerables del inicio y del fin, sino también en la promoción de una vida digna de todos los seres humanos y en todas las dimensiones de la persona, sobre todo cuando se es vulnerable por la marginación o por otra alienación. Si la Iglesia no defendiera, a costa de todo, a los niños por nacer, no sería creíble ni consecuente en la defensa de cualquier otro legítimo derecho humano.



83. «Nuestra misión para que nuestros pueblos en Él tengan vida, manifiesta nuestra convicción de que en el Dios vivo revelado en Jesús se encuentra el sentido, la fecundidad y la dignidad de la vida humana » (DA 389). El cristianismo ha defendido siempre la dignidad de la persona porque, en la visión cristiana del hombre, la vida es ante todo un don de Dios que debe ser recibido con gratitud y tratado con escrupulosa responsabilidad, como lo señala la Instrucción Donum Vitae: «El don de la vida, que Dios Creador y Padre ha confiado al hombre, exige que éste tome conciencia de su inestimable valor y lo acoja responsablemente» (n. 1). De esta forma, también la preocupación ecológica por el cuidado, la conservación y la salvaguarda de la creación es una responsabilidad pastoral de la Iglesia, en cuanto llamada a hacer posible la vida digna del ser humano, y ésta sólo es posible en un ecosistema sano y armónico, en cuanto que «por nuestra realidad corpórea, Dios nos ha unido tan estrechamente al mundo que nos rodea, que la desertificación del suelo es como una enfermedad para cada uno, y podemos lamentar la extinción de una especie como si fuera una mutilación» (EG 215).



Vida en la Escritura

84. La Escritura entiende la vida como un don recibido de Dios cuando insufla en las narices el aliento de vida sobre el hombre (Gn 2,7) y llega éste a ser un viviente, capaz por sí mismo de generar la vida de otros: «sean fecundos y multiplíquense» (Gn 1,26); de ahí podemos deducir que, en un primer momento, la vida es aquello contrario a la muerte (Gn 42,2; 43,8). Sin embargo pronto la significación de este término se alargará para llegar incluso a identificarse con la curación de alguna enfermedad (Gn 45,27; Nm 21,8ss; Jue 15,19; 2Re 1,2; 8,8-10). La enfermedad, entonces, se comprende como disminución de la vida y, por lo tanto, ésta no sólo es el mero hecho de vivir, sino el gozar de una vida sana y plena.



85. Para el N.T. la vida plena sólo se puede adquirir en la liberación del pecado y en la participación de la vida en Cristo, que supera el poder de la muerte. La participación del ser en Cristo se da por medio de los signos sacramentales, que especialmente el evangelista Juan nos presenta a través de bellísimas imágenes: la luz de la vida y el agua viva (Bautismo), el pan vivo (Eucaristía), etc., que dan la vida del Viviente ofrecida libremente en el patíbulo de la cruz. Ahora lo que contradice la vida en Cristo, esta vida que se recibe por la mediación actual de la Iglesia, no es la muerte de la vida orgánica, sino la muerte de la vida en Cristo, de la gracia, que es el pecado. No hay nada tan contrario a la vida que el pecado, que es la causa de la muerte.



Niveles de vida

86. La vida en Cristo es incomparablemente superior a la vida humana meramente natural, y supone la filiación divina y la llamada a la participación plena de la vida de Dios. Por los sacramentos, ya desde ahora, participamos realmente de la vida en Cristo esperando verla coronada de plenitud en la Parusía. Esta vida sobrenatural nos lleva a la valoración de cada persona, que ha sido redimida por la sangre preciosa de Cristo, de ahí que la vida en abundancia que recibimos y debemos compartir, nos lleve a preocuparnos por la construcción de un mundo mejor, como digna morada de aquellos que han quedado santificados por la gracia (Cf EG 183). La vida en Cristo nos debe llevar a una imprescindible opción: los pobres, que se ven tan vulnerados en su vida. La vida de la gracia no nos puede llevar al olvido de esta opción, por el contrario, la debe avivar, pues nos enseña el Papa Benedicto XVI que «está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza»7.


7 Discurso inaugural de la V CELAM en Aparecida, Brasil el 13 de mayo de 2007.



c) La Parroquia: comunidad de
comunidades evangelizadas y
evangelizadoras

Nueva Evangelización y Parroquia

87. La Nueva Evangelización, que se realiza por medio de la Misión Continental en Latinoamérica, tiene su punto de arranque y llegada en la parroquia, que es el núcleo eclesial primario, es decir, es la experiencia de Iglesia más concreta, vivencial y cercana que tiene toda persona. Al respecto nos dice nuestro II Sínodo Diocesano:

La parroquia es como una gran familia compuesta de familias más pequeñas. Es la familia de Dios que se congrega en torno a la Palabra y a la Eucaristía y vive como una fraternidad animada por el Espíritu. Es una familia no cerrada en sí misma, sino injertada y abierta a la sociedad e íntimamente solidaria con sus aspiraciones y dificultades. La parroquia, ante todo, es una comunidad de personas, viva y dinámica (Nº 652).



88. Tareas fundamentales de la parroquia son el anuncio del kerigma, el proceso de iniciación cristiana, la celebración festiva de los sacramentos, la formación integral y permanente en todas las etapas de la vida de las personas, el ejercicio solidario de la caridad. «Como comunidad profética tiene la misión de evangelizarse y evangelizar» (II Sínodo Diocesano 655). Es en la parroquia, donde cristianos podemos confesar, celebrar y vivir la fe, y por tanto es el espacio privilegiado, aunque no único, de la ejecución de la pastoral de conjunto; es la comunidad por antonomasia donde se integran carismas (movimientos), servicios y ministerios en espíritu de comunión y participación. Las Comisiones y Secciones diocesanas tienen como objetivo prestar ayuda subsidiaria a la parroquia, por ello, como invita el Papa Francisco: «es muy sano que no pierdan el contacto con esa realidad tan rica de la parroquia» (EG 29).



89. Existen, por motivo de la diversidad de carismas y de los distintos ambientes, comunidades eclesiales que no son parroquiales o son supraparroquiales, como las comunidades de la Vida Consagrada que viven bajo el régimen de su regla o constituciones propias, los movimientos o asociaciones públicas de fieles, etc. Pero, «entre las comunidades eclesiales, en las que viven y se forman los discípulos misioneros de Jesucristo, sobresalen las Parroquias» (DA 171).



90. Nuestros Obispos en Aparecida nos instan a la renovación eclesial haciendo de nuestra parroquia una comunidad de comunidades, que llegue a ser una red bien estructurada de comunidades vivas en las que se anuncia la Palabra, se celebran los sacramentos y se ejercita la caridad fraterna. Para ello es necesario que el territorio parroquial sea sectorizado «con equipos propios de animación y coordinación que permitan una mayor proximidad a las personas y grupos» (DA 372). La invitación constante del Papa Francisco de salir del centro parroquial a las periferias existenciales, se realizará en la medida en que demos mayor vitalidad a las pequeñas comunidades diseminadas en el territorio parroquial.



Parroquia en salida misionera

91. Hay que salir de las instalaciones parroquiales para encontrarnos con todas las gentes y no sólo con los que asisten regularmente a ellas, pero sin cerrar las puertas del templo, pues «la Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre» (EG 47). Desde la pequeña comunidad de sector o barrio se puede intensificar la pastoral familiar, dar una atención más especializada y lúcida a los adolescentes y jóvenes, estar más al pendiente de los niños, los ancianos, los enfermos y de toda persona marginada, en cuanto que permite relaciones fraternas de cercanía y de interés mutuo, dejando de ser una masa de gente sin nombre ni rostro. Además, en las pequeñas comunidades cobra cada vez más importancia el protagonismo del laico en comunión con sus pastores y se anula la imagen de una Iglesia burocrática y lejana, ajena a la vida de los cristianos. En la pequeña comunidad del barrio o sector, «la comunidad evangelizadora se mete con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, achica las distancias, se abaja hasta la humillación si es necesario, y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo. Los evangelizadores tienen así “olor a oveja” y éstas escuchan su voz» (EG 24).



92. La parroquia es comunidad de comunidades de fe en Jesucristo, Él es el centro de toda comunidad cristiana; por eso, en la parroquia se confiesa, se celebra, se vive y se transmite la fe cristiana: «La parroquia es presencia eclesial en el territorio, ámbito de la escucha de la Palabra, del crecimiento de la vida cristiana, del diálogo, del anuncio, de la caridad generosa, de la adoración y de la celebración» (EG 28).



2.3


EXIGENCIAS PASTORALES


Ideas fuerza

93. En la metodología para nuestro Plan de Pastoral se pidió que, tras la profundización en el estudio del Marco Doctrinal, se entresacaran algunas «Ideas Fuerza», como ideas centrales cargadas de significado que indican el corazón de lo que se desea y se quiere. Dichas «Ideas Fuerza» fueron el apoyo que dio paso a la reflexión de las exigencias pastorales, las cuales son entendidas como una interpelación que nos hace la Palabra de Dios, La Tradición y el Magisterio de la Iglesia frente a los vacíos pastorales, a los que nos urge dar respuesta a corto, mediano o largo plazo.



94. En las Asambleas Pastorales de las instancias eclesiales, que culminaron en la Asamblea Diocesana, se pidió que este paso se hiciera en torno a cinco puntos focales que abarcan a las personas, las estructuras y los métodos de nuestro quehacer pastoral. El discernimiento de las exigencias se realizó buscando expresar valores más que expresar ideas, con un lenguaje existencial y de manera participativa buscando que sean asumidas y asimiladas por todos.



95. Perfil de la parroquia

  • Que fomente una pastoral integral para llevar el anuncio evangélico a todos los ámbitos de la parroquia, que propicie la conversión continua, y el ejercicio de la caridad.
  • Que fomente la conversión personal y pastoral, que contribuya a la caridad, la formación permanente y al testimonio convincente.



96. Perfil del sector, zona o barrio

  • Que asegure el anuncio del kerigma a todos, seguido de formación integral y permanente que favorezca la conversión personal y pastoral que nos lleve a dar testimonio.
  • Que promueva la formación integral y continua con la Palabra de Dios, el Catecismo de la Iglesia Católica y el Magisterio de la Iglesia, de tal manera que los fieles asuman su compromiso evangelizador permanente en comunión con la parroquia de manera organizada, activa, para ir al encuentro de los alejados y necesitados.



97. Perfil del agente evangelizador (presbítero, religioso y laico)

  • Que fomente el encuentro con Cristo que lleva a la conversión personal y pastoral, con espíritu misionero y una formación permanente e integral.
  • Que los agentes de pastoral, mediante la conversión personal y pastoral, testimonien con su palabra y obra una experiencia viva de Cristo, a través de procesos de formación integral que atiendan a la diversidad multicultural utilizando la tecnología.



98. Perfil del sector, zona o barrio

  • Que ofrezca una adecuada formación humana, doctrinal, pastoral y espiritual que nos haga cercanos a los demás.
  • Que lleve al agente de pastoral a estar plenamente unido a Cristo, dispuesto a colaborar con los pastores. Con un compromiso perseverante y sensible al contexto y a la realidad, alimentado por una vida sacramental.



99. Perfil del sector, zona o barrio

  • Que conozca, viva, celebre y comunique su fe cristiana interviniendo en las realidades del mundo desde los valores evangélicos.
  • Que tenga un encuentro con Cristo en permanente conversión, para que sea consciente de su tarea de trasformar las realidades del mundo con el Evangelio y que se prepare, viva y participe en la vida social, política, económica y religiosa con actitud crítica ante estas realidades.




III


ACUTAR BAJO EL IMPULSO DEL ESPÍRITU SANTO


Discernimiento Pastoral


Leer los signos de los tiempos

100. El discernimiento es un juicio que nos ayuda a clarificar y distinguir, que se realiza por medio de un esquema de valores, a fin de hacer lo que más conviene. El discernimiento pastoral es la búsqueda de la voluntad de Dios para una persona o comunidad en una situación concreta. «Es la mirada del discípulo misionero» (EG 50) es la «siempre vigilante capacidad de estudiar los signos de los tiempos» (ES 19). El discernimiento cristiano no se puede hacer desde el propio criterio o interés, se necesita una nueva mentalidad, la que Dios nos da al pasar del «hombre viejo» al «hombre nuevo» (1 Cor 1, 10). Esta nueva mentalidad conlleva el no «amoldarse al mundo” (Rom 12, 2); hay que romper con el orden vigente caracterizado por el tener, el poder y el competir para poder discernir.



101. El Concilio Vaticano II insistió en la necesidad de que los fieles y pastores entráramos a fondo en la lectura de los signos de los tiempos, ya que éstos necesitan ser analizados en profundidad y con talante evangélico (Cf GS 11,18, 27, 37; PO 28, 36; PDV 40). Para realizar un buen discernimiento es necesario centrar bien el tema que se quiere discernir, querer buscar ante todo y sobre todo la voluntad de Dios. Mostrarse indiferente a los propios intereses y dispuestos a acoger y hacer lo que Dios pide. El discernimiento pastoral es la confrontación entre al Marco de la Realidad y el Marco Doctrinal. De esa comparación entre “quiénes somos” y quiénes “deberíamos ser” se determinan las prioridades.



3.1


PRIORIDADES DIOCESANAS


102. Analizada la realidad en su perspectiva social y eclesial (que nos ha arrojado los RETOS) y a la luz de la enseñanza de la Iglesia y las orientaciones pastorales, propias de la Arquidiócesis (que nos han mostrado las EXIGENCIAS), se establecen las prioridades, las cuales determinarán la acción pastoral.



103. Las prioridades pastorales resultan del proceso de elección que mediante la ponderación y el análisis de las realidades positivas y negativas, vistas a la luz del Evangelio, permiten escoger y descubrir la respuesta pastoral a los vaciós puestos a la evangelización (DP 1299). Con las actitudes fundamentales como la libertad interior, la honestidad, la objetividad y con un alto sentido de conversión personal y pastoral, la Asamblea Diocesana consideró y nuestro Arzobispo determinó que nuestras prioridades sean:



El anuncio del kerigma a todos.
La formación integral permanente.

104. Las prioridades diocesanas deberán ser consideradas como vinculantes para todos en nuestro trabajo pastoral en los próximos años, ya que fueron sentidas por la mayoría de los asambleístas, como las respuestas apropiadas a los vacíos pastorales más urgentes. No se llegó a ellas por dictamen, sino que, después de un fecundo diálogo, se llegó al consenso. Estas prioridades tienen, pues, alcance diocesano; se consideró que de estos vacíos dependen otros y se cuenta con recursos suficientes para darles respuesta pastoral.



3.2


OBJETIVO DIOCESANO


Objetivo General

105. EL Objetivo de nuestro VI Plan de Pastoral es el resultado último que queremos alcanzar a través de metas y acciones orientadas hacia él. Consideremos que en cualquier plan es importante un objetivo claro, pues esto ayuda a determinar acciones, a definir las responsabilidades de los agentes y a evaluar los resultados de dichas acciones. El objetivo general señala un resultado ideal que orienta todo el plan global de acción. Es un punto de convergencia de todo trabajo evangelizador y de todos los agentes, pues no se trata de dinamizar algunos aspectos de la pastoral, sino de dar la misma dirección a las actividades de todas las instancias de pastoral: Parroquias, Decanatos, Vicarías Episcopales, Vida Consagrada y Comisiones y Secciones de Pastoral.



106. El objetivo general implica el ideal de sociedad, de hombre, de Iglesia y de evangelización al cual se dirige toda la acción pastoral. Es una especie de utopía, no en el sentido de algo puramente ilusorio o inalcanzable, sino en el sentido de algo inagotable y siempre inspirador.



107.Nuestro Objetivo Diocesano es:



Impulsar la
Nueva Evangelización,
mediante el anuncio del
kerigma a todos y
la formación integral permanente,
para fortalecer nuestras
comunidades eclesiales
y nuestro pueblo
en Cristo
tenga vida.

3.3


LÍNEAS COMUNES DE ACCIÓN


108.Una línea común de acción:

  • Es un valor que ayuda a orientar el plan y los programas.
  • Es un imperativo que invita a la acción, fundado en la sólida doctrina y en la realidad concreta.
  • En ella reside la fuerza de la mística de la acción, es decir, suscita actitudes prácticas, lleva a un compromiso existencial.
  • Es una norma, una regla para juzgar y discernir nuestra pastoral.
  • Es universal, es decir, que puede ser cauce para la acción pastoral de todas las personas, agentes de pastoral e incluso de los cristianos que no son agentes; de todas las instancias, es decir, aquellas en orden al territorio: la Parroquia, el Decanato y la Vicaría Episcopal, aquellas otras en orden a la función: Secciones, Comisiones, Seminario y Vida Consagrada; y en todos los niveles o en todas las dimensiones de la vida cristiana.
  • Es una corriente que arrastra todas las acciones pastorales y las conduce, como un cauce de río.
  • Tiene una redacción sencilla, clara, busca generar actitudes y llevar a la acción.



1a Línea de Acción


PROPICIAR EL ENCUENTRO
PERSONAL CON CRISTO VIVO EN
TODAS LAS INSTANCIAS Y TAREAS
PASTORALES


109. La evangelización que es nueva en su ardor, comienza en el corazón de cada persona que encuentra a Cristo como el gran tesoro de su vida, por el que se es capaz de relativizarlo todo, porque se es una nueva creatura. Se trata de una hermosa experiencia que llena de alegría, fascinación y estupor y que es suscitada por el anuncio del kerigma. Del encuentro con Cristo nace la vida cristiana y el deseo ardiente de llevar la buena noticia del Evangelio a todos, con parresía, con gozo y valentía. El encuentro es el primer momento del camino formativo del discípulo misionero que lo induce a la misión, siempre en una permanente conversión personal y pastoral, en fiel seguimiento de Jesús y en comunión con la comunidad eclesial (Cf. DA 278). Es tarea de la Iglesia, que existe para evangelizar, y de todos los agentes de pastoral propiciar, en nosotros (ad intra) y en todos (ad extra), en todas las tareas que realizamos y en todas las instancias eclesiales, el encuentro vivo, existencial y transformador con Cristo, especialmente atendiendo a los lugares de encuentro que nos señala el documento de Aparecida: la Escritura, la Liturgia, la Eucaristía, la Reconciliación, la oración personal o comunitaria, en la lucha por la justicia, la paz y el bien común, los pobres (DA 246-257). A la luz del encuentro con Cristo, que es la razón por la que se es cristiano, se deben revisar nuestras personas, estructuras y métodos pastorales.



2a Línea de Acción


ASUMIR LA ESPIRITUALIDAD DE
COMUNIÓN COMO CIMIENTO E
INSPIRACIÓN DE TODA ACCIÓN
PASTORAL


110. Como Cuerpo de Cristo la Iglesia goza y agradece los diversos ministerios, carismas y dones que el Espíritu suscita en ella. «El reconocimiento práctico de la unidad orgánica y la diversidad de funciones asegurará mayor vitalidad misionera y será signo e instrumento de reconciliación y paz para nuestros pueblos» (DA 1629). La diversidad es un gran don del Espíritu, por lo que nunca puede ser ocasión de división ni de fragmentación. Nuestra Iglesia de Guadalajara ha sido bendecida por el Espíritu con la abundancia de estos ministerios, carismas y dones, que poniéndolos al servicio de toda la Iglesia, y alejando siempre todo mezquino interés sectario, hace florecer la vida de Cristo en nuestra sociedad hasta llegar a convertirnos en agentes de transformación social, al dar «un testimonio de comunión fraterna que se vuelva atractivo y resplandeciente para que todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros, cómo os dais aliento mutuamente y cómo os acompañáis» (EG 99). La Iglesia debe ser “casa y escuela de comunión” porque con todas sus acciones hace presente el Reino de Dios, que es comunión con Dios y comunión con los hermanos. La comunión hace creíble la misión y orienta con mayor facilidad todas las acciones a la consecución de un objetivo común. Podemos más juntos que cada “genio” desde su trinchera. Por otra parte, la espiritualidad de comunión fortalece la comprensión y el afecto fraterno, la solidaridad, la subsidiaridad, la corresponsabilidad, la conciencia y el agradecimiento de las cualidades del hermano, de las cuales Dios se vale para evangelizar; igualmente, evita las envidias, el carrerismo clerical y un ambiente de competencia malsana en el ámbito pastoral (Cf NMI 43).



3a Línea de Acción


ASEGURAR LA CREACIÓN Y
FORTALECIMIENTO DE ESPACIOS
Y PROCESOS DE FORMACIÓN
INTEGRAL


111. La formación integral de los agentes de pastoral es una de las prioridades diocesanas, por lo que hay que encausarla en la creación o fortalecimiento de los espacios y procesos de formación. Esta línea invita a dos cosas: la primera es tomar conciencia de que toda acción pastoral debe ser formativa, ya que debe llevar a quien la realiza como agente (misionero), o quien es interlocutor (receptor activo), a un encuentro o a un reencantamiento con Cristo, de tal forma que sea el inicio o re-inicio de su proceso formativo como discípulo misionero: «Misión principal de la formación es ayudar a los miembros de la Iglesia a encontrarse siempre con Cristo» (DA 279). No debemos perder de vista que el sentido de todas las acciones de las tareas fundamentales de la pastoral existen para hacernos discípulos misioneros de Jesucristo. En este mismo sentido, todas las acciones pastorales deben buscar la integralidad de las diversas dimensiones de la persona: la humano- comunitaria, la espiritual, la intelectual y la pastoral-misionera. La segunda cosa a la que nos invita esta línea es asegurar que, de forma ta y metódica, existan lugares y momentos para la formación integral de los agentes, siempre conforme a las posibilidades de cada instancia pastoral. En nuestra Diócesis podemos agradecer el que se puedan ofrecer estos espacios en los institutos de Biblia y Teología, en las escuelas para agentes de Vicarías, Decanatos, Parroquias y Movimientos. Por otra parte, se debe respetar el carácter progresivo de la formación, que por ello, debe ser permanente. La apuesta pastoral por los procesos, desde el inicio con la catequesis infantil hasta la formación permanente del clero, es la de favorecer no el sacramentalismo o la vivencia aislada e intermitente de eventos religiosos, sino el seguimiento de Cristo y la madurez humana, espiritual, doctrinal y pastoral de todos.



4a Línea de Acción


SITUAR Y ASUMIR TODA ACCIÓN
EVANGELIZADORA EN EL
MARCO DE NUESTRO PROCESO
PASTORAL


112. La evangelización se realiza generalmente de dos modos: a través de procesos de seguimiento de Cristo y de eventos puntuales. Los eventos nunca deben romper con los procesos, sino deben potenciarlos, así como los procesos, «con perseverante paciencia y sabiduría» (DA 276) deben ayudar a enmarcar los eventos en el caminar pastoral de la comunidad y rescatar de ellos su potencial transformador. Cuando se habla de proceso pastoral se tiene de trasfondo una teología de la historia, es decir, se ve la acción pastoral desde la perspectiva del plan de salvación obrado por Dios en su Hijo Jesucristo y por el impulso vivificador del Espíritu en la historia por medio de la Iglesia. Dios no actúa la salvación de forma intermitente, sino que todas sus intervenciones las encamina pedagógica y gradualmente a su finalidad última, escatológica, de la comunión perfecta con el Dios Amor Trinidad; la misma creación tiene este horizonte escatológico y se inserta en la única economía de salvación. Toda acción pastoral, en cuanto inserta en un proceso, debe ser una realización actual y auténtica, aunque sea parcial y penúltima, del “para qué” del objetivo, es una “probadita” de lo que queremos lograr a largo plazo; en este sentido toda nuestra pastoral debe estar encaminada a fortalecer nuestras comunidades eclesiales y a la transformación de la sociedad por la vida nueva de Cristo y debe ser ya una realización de ello. Por esto, la acción pastoral, acción de la Iglesia que prolonga la obra salvífica de Cristo, se debe insertar en el plan de Dios, concretado en un plan pastoral, que partiendo del Obispo, da garantía de fidelidad a Cristo, suscita la comunión eclesial, y promueve la búsqueda y la consecución de un objetivo común; al mismo tiempo, da un amplio margen a la libre creatividad, en cuanto que son diversas realidades o contextos en los que realizamos la acción pastoral. Podemos decir que se trata de mirar el mismo horizonte, caminar hacia él, pero cada quien desde su propio contexto, con los pies bien puestos en “su” tierra.



5a Línea de Acción


ASUMIR EL COMPROMISO DE
SOLIDARIDAD Y SALIDA A LAS
PERIFERIAS EN EL ESPÍRITU DEL
DISCÍPULO MISIONERO


113. El Papa Francisco invita a toda la Iglesia misionera a «salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (EG 20). Por nuestro contexto social y eclesial asumimos este imperativo pontificio con un cariz especial y con una urgente necesidad: salir siendo solidarios con los pobres, los marginados, los excluidos que son tratados como “desecho” en nuestra sociedad de consumo. La vida nueva en Cristo, que abarca la vida de la gracia y la calidad de vida aquí y ahora, crea lazos de solidaridad entre las personas y crea o potencia estructuras que la promuevan; en nuestro contexto tan marcado por las desigualdades sociales, una lacerante pobreza y una grave descomposición del tejido social, es conveniente y urgente que los agentes de pastoral se formen en el valor social de la solidaridad, que «debe vivirse como la decisión de devolver al pobre lo que le corresponde» (EG 189); la espiritualidad cristiana no se puede realizar al margen o dando la espalda al hermano sufriente, sino crucificándose en el dolor con él, siendo su amigo, a fin de hacerlo partícipe de las riquezas de la salvación, tanto en el orden material como espiritual. De la misma manera, el proceso formativo lleva necesariamente a la misión, a salir fuera de sí mismo, dejar de ser autorreferenciales e ir a las periferias geográficas y/o existenciales de nuestra sociedad para anunciar la alegría del Evangelio: «es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo» (EG 22); reconocemos que la cultura está sufriendo una profunda transformación secularista y atea, pero también reconocemos que el corazón del hombre siempre estará abierto a la verdad, al bien y a la belleza, contenidas en el Evangelio de la vida y que nosotros tenemos la gracia de testimoniarlo.



6a Línea de Acción


ANUNCIAR A JESUCRISTO Y SU
EVANGELIO CON UN LENGUAJE
COMPRENSIBLE, TESTIMONIAL Y
SIGNIFICATIVO A LOS HOMBRES Y
MUJERES DE HOY


114. Nos damos cuenta de la dificultad de darnos entender a las nuevas generaciones que han creado un nuevo lenguaje, una nueva forma de comunicarse. No se trata sólo de un problema técnico, sino sobre todo antropológico y hermenéutico. Se ha pasado del lenguaje de la palabra y de la razón al del sentimiento, del símbolo y de la imagen. La tarea evangelizadora de la Iglesia nunca ha renunciado a la “traducción” de los perennes contenidos de la revelación a nuevas vasijas conceptuales: del mundo hebreo a la cosmovisión griega; del simbolismo mistagógico a las formulaciones metafísicas; de la escolástica a la existencia y a la historia. Hoy nos toca a nosotros conocer, entender y utilizar el lenguaje de nuestros contemporáneos para hacer comprensible, atractivo y significativo el único mensaje de salvación. Para el cristiano, el mensaje se une irremediablemente con el mensajero, de tal forma que, utilizándose el lenguaje que se utilice, el testimonio de vida será siempre la manera más elocuente de anunciar y hacer presente a Cristo. Es importante, en este sentido, que nos demos cuenta de que «una cultura inédita late y se elabora en la ciudad» (EG 73) y que se crean en ella nuevos lenguajes que debemos comprender y sintonizar con ellos para que sean vehículos del anuncio gozoso del Evangelio.



7a Línea de Acción


IMPULSAR EL PROTAGONISMO
DE LOS LAICOS EN LA
TRANSFORMACIÓN EVANGÉLICA
DE LA SOCIEDAD Y SU
PARTICIPACIÓN EN LA IGLESIA


115. Los laicos tienen una tarea específica dentro de la Iglesia y del mundo. En la Iglesia participan en la misma misión salvífica de la Iglesia, con sus carismas, no como colaboradores de los clérigos, sino con pleno derecho por el sacerdocio común del que participan desde el bautismo (Cf LG 33). Ofrecen a Dios el sacrificio existencial de su propia vida y reciben, de los legítimos pastores, el pan de la Palabra y de la Eucaristía para su sustento espiritual, participando de la vida de Cristo. También ejercen una función en el mundo, al que deben siempre impregnar de los valores del Evangelio, como el fermento en la masa «A los laicos corresponde, por propia vocación tratar de obtener el Reino de Dios gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios» (LG 31). No se debe clericalizar a los laicos ni hacer de los clérigos unos promotores activos de la sociedad, tomando partido por una ideología. Los laicos deben formarse como discípulos misioneros para que ejerzan su misión con liderazgo en todos los campos, especialmente el de la cultura, la política y la economía, a fin de que la vida nueva de Cristo impregne toda la sociedad. En nuestra diócesis todavía se extraña el liderazgo social de los beatos Anacleto González Flores, Luis Padilla y los hermanos Vargas, entre otros.



3.4


ENFOQUES, METAS Y
PROGRAMACIÓN DE CADA
INSTANCIA ECLESIAL


116. Cada línea pastoral se enfatiza a través de los enfoques, pero ¿qué entendemos por enfoque? Cuando vamos a tomar una fotografía movemos el obturador para que pueda tener mayor definición y claridad la imagen; a veces también es necesario acercarnos o alejarnos, dependiendo de cómo queramos hacer la fotografía. Esto supone que estamos ubicados en un punto determinado que hace que nuestra visión sea desde ese ángulo y desde el cual tenemos que preparar la mejor perspectiva. Por enfoque, por tanto, podemos entender el analizar o examinar, a partir de nuestra ubicación o contexto, el cómo podemos dirigir nuestras acciones pastorales conforme a la línea común de acción, con qué matiz o modalidad.



117. El enfoque tiene en cuenta la realidad, que en nuestra Diócesis es muy distinta de un lugar a otro, de una instancia a otra, y también el momento que se está viviendo. En síntesis, podemos decir que un enfoque:

  • Es el énfasis o modalidad que se da a una línea de acción, y que es determinado por el contexto particular.
  • Es la opción concreta que tenemos aquí y ahora para hacer operativa la línea de acción. Parte siempre de la realidad y responde al “cómo” aplicar la línea.
  • Se vive como criterio que da sentido e intencionalidad a la acción pastoral.
  • Se expresa en gerundio.



118. Las líneas comunes de acción nos permiten, a cada instancia eclesial, llegar a las metas, que son el resultado que se pretende alcanzar en un plazo determinado para avanzar hacia el cumplimiento del objetivo diocesano por medio de los enfoques de nuestras líneas comunes. Su medición debe hacerse en términos de tiempo, cantidad y, si es posible, de calidad. Las metas hacen operativas las prioridades. Son importantes porque ayudan a que el objetivo no se quede en un simple enunciado, en propósitos plausibles, pero no operativos; hay que traducirlo cuantitativamente en metas. La formulación de las metas es un momento clave de la planeación pastoral participativa, por lo que deben ser elaboradas por quienes las han de poner en práctica. Por esta razón es tarea de cada instancia eclesial establecer sus propias metas y su programación.



119. Una meta debe ser verificable (comprobable), específica (precisa), mensurable (medible), realizable (posible y viable), realista (práctica), temporal (plazos de realización). Cuanto más claras y precisas sean las metas, más eficazmente se pondrán los medios para conseguirlas, y si son alcanzables generarán una fuerza operativa motivadora que impulsa a seguir adelante. La precisión de metas combate la pereza, la indecisión, la dispersión, la improvisación, dando lugar a un mejor rendimiento. Las metas hacia un fin determinado son las que mueven a actuar, sin ellas no existiría conducta inteligente, sino conducta instintiva o refleja. Lo importante es tener claro lo que se quiere, pues esa claridad aparecerá también en la conducta diaria.



120. Recordemos, por último, que después de enunciada la meta, se realiza la programación anual de cada instancia, señalando las actividades, los cómos, los tiempos, los lugares, los recursos, y los responsables, que nos ayudarán a llevar a cabo las metas que nos propusimos, como sugiere el siguiente esquema.



META:

Qué


Señala las actividades que vamos a realizar para lograr la meta


Cómo


Designa la modalidad (forma) como se va a realizar dicha actividad


Cuando


Señala los tiempos de inicio y de finalización de cada actividad


Dónde


Se marcan los lugares en dónde se va a realizar cada actividad


Quién


Cada actividad debe tener sus responsables


Con qué


Señala los recursos necesarios para lograr realizar cada una de las actividades


121. El VI Plan Orgánico Diocesano de Pastoral no está terminado. Este material recoge el trabajo pastoral que, en comunión y participación, se ha llevado a cabo desde las comunidades básicas, por medio de las instancias intermedias, hasta las dos primeras Asambleas Diocesanas del pastoreo del Emmo. Sr. Cardenal D. José Francisco Robles Ortega. Recoge las más grandes riquezas de nuestra historia y nos proyecta hacia el futuro, generando con alegría una situación eclesial y social más conforme al Evangelio. Como esfuerzo humano, el plan queda a perfeccionarse gracias al compromiso evangelizador, a la participación activa en cada una de nuestras comunidades y al fraterno compartir entre nosotros las gracias que Dios va derramando a manos llenas en nuestra Iglesia de Guadalajara.