Proceso Diocesano

XXII JORNADA DE ESTUDIO Y CONVIVENCIA.

LA FAMILIA EN CRISIS: RIESGOS Y OPORTUNIDADES.

 

Han llegado estos días de fiesta diocesana, días importantes de retornar, de alegrarse por estar juntos nuevamente con compañeros de generación, con compañeros en algunos destinos. Encuentro por demás fraternal en el sacramento del orden. Encuentro tan lleno de colorido por tanta variedad de edades y condiciones. En unos brilla la juventud, en otros resplandece la experiencia. Este ha sido El 22º Encuentro de Estudio y Convivencia para los Sacerdotes de la Arquidiócesis de Guadalajara. Evento que ya es una institución valiosa y muy provechosa en el itinerario  ministerial.

Así se ha realizado el Encuentro el 8, 9 y 10 de septiembre de 2014. Una mañana jubilosa en el Seminario Menor. El primer momento fue la oración en la hermosa y acogedora capilla ante el Señor Sacramentado cantando los salmos del oficio.

LA FAMILIA: UN ECOSISTEMA DE AMOR.

En el auditorio del Seminario, el Emmo. Señor Cardenal, don José Francisco Robles Ortega, saludó a los sacerdotes, alegrándose por su participación, insistía en la importancia del tema de la familia, que fue tomado para el Sínodo extraordinario del 5 al 19 de octubre por el Papa Francisco,

Luego el conferencista, P. Miguel Humberto Yáñez, maestro de la Universidad Gregoriana en Roma, presentó su tema sobre la Familia describiendo la situación actual de la familia y toda su problemática, apoyada en el documento previo para el Sínodo de octubre “Instrumentum laboris”

El conferencista hacía resaltar como el Papa Francisco  ha querido dar este giro para fijar su mirada, como Iglesia, en la Familia, como una situación de emergencia. Este año este será el tema del Sínodo extraordinario y el año próximo también será el tema del Sínodo ordinario. Esto hace pensar en lo importante de esta situación.

El documento previo se llama “Los desafíos pastorales de la Familia en el contexto de la Nueva Evangelización” en él se presentan las aportaciones que se hicieron en todo el mundo en las encuestas sobre el matrimonio y la familia.

Primero se trata de sentar bases sobre lo que es la familia, su situación crítica y la ayuda que la Iglesia ofrece a la familia. El P. Miguel sin alejarse del realismo, de la situación difícil de la familia, habló también de oportunidades, de cosas que se pueden aprovechar para mejorar. Desde el principio resaltó la apertura, la sinceridad en la familia dejando atrás esas hipocresías, eso de salvar la imagen, de conservar las situaciones exteriores, eso posibilita enfrentar los problemas más directamente.

El conferencista siguió los planteamientos del documento previo del Sínodo, manejando la distinta problemática actual sobre la familia.

El tiempo era a su vez corto ante la profundidad del tema. Así transcurría la primera mañana de este importante encuentro. Luego hubo espacio para refrigerio y convivencia que también es muy importante entre todo el Presbiterio, los corredores inmensos del Seminario Menor, su espacioso jardín se vieron alegrados con las risas, los saludos y las expresiones de los sacerdotes.

Siguieron las conferencias el martes 9 y miércoles 10 de septiembre así como el importante encuentro entre compañeros.

AMOR ESPONSAL, AMOR MATERNAL Y PATERNAL.

A partir de estas actitudes y sentimientos el P. Miguel fue iluminando la situación de la familia, descubriendo la razón de las fallas, las urgencias de la familia, que se están presentando en el contexto cultural y se justifican por el  aparato mediático.

Desde el principio había asentado la diferencia las diferencias entre sensación, emoción, enamoramiento, sentimiento y amor verdadero. Con frecuencia hay mil confusiones en este terreno. La emoción es pasajera y no debe derrumbar las decisiones fundamentales de la familia, como la estabilidad de un matrimonio, como el ministerio sacerdotal. Después de años de una vida no se justifica el cambio radical.

SOMOS RESPONSABLES DE NUESTROS SENTIMIENTOS.

Y se deben cuidar razonablemente. La vida no puede estar a merced de cualquier vientecillo que se presenta. La vida humana pide estabilidad, seguridad.

Por eso el amor de los esposos es fundamental y refleja el plan divino. No se viene a la vida al acaso, no se llega solitario, se viene en el seno de la paraje, los dos son y pertenecen a la familia, los dos son para el hijo, quizá de distinta manera porque la mamá lo es de manera natural, pero el hombre debe aprender a ser padre y ella ayuda mucho a que sea padre, le da espacio para vaya progresando en este aprendizaje.

La situación de las parejas separadas atenta muy directamente contra la esencia de la relación filial, maternal y paternal, aunque legalmente se justifique y reglamente. Del ser esposos, del amor de los papás, como esposos, brota el amor paternal y maternal. Ese es un gran problema actual.

Podemos decir que estos tres días de reflexión, de estudio y convivencia han sido de manera provechosos para los sacerdotes. El año pasado la reflexión se centraba sobre La Nueva Evangelización. Hoy, podemos decir, se trata de una vital aplicación de la Nueva Evangelización: En la Familia.

¿QUEDA TIEMPO PARA TRABAJAR EN EL PLAN PASTORAL?

El Plan es un espíritu, un perfil, un modo de organizar nuestras actividades.

Yo como agente, párroco, vicario o laico de “un lugar de La Mancha”, me siento alejado de ese lenguaje, de esas elucubraciones mentales, de esos cuadritos y secuencias que ponen en los folletos, pues tengo mil urgencias en mi lugar de trabajo, ¿no entenderán esos los de la Vicaría, que por su parte no están al tanto del cuidado directo a los fieles y las tantas necesidades de atender a la construcción, a la catequesis, a los sacramentos, de hacer presente, tangible y cercana a la Iglesia en un respectivo y concreto lugar?

-El Plan no es algo más, no es otra tarea en la abigarrada lista de la agenda ministerial de sacerdote. Es un color, es una actitud, es una forma de trabajar en armonía eclesial. Es eso que hacemos con esta luz que pudimos expresar, lo mejor posible, respondiendo a la urgencia del Evangelio y a las orientaciones de nuestros Pastores, y que se condensa  en este objetivo: “Impulsar La Nueva Evangelización mediante el anuncio del Kerigma a todos y la formación integral permanente para fortalecer nuestras comunidades eclesiales y nuestro pueblo en Cristo tenga vida”

¿PERO EL PLAN SUPONE CAMBIAR?

Ciertamente al derramar el agua en cada bautismo, al ejercer el ministerio de todos nuestros días, esa luz debe llevarnos a otra dimensión.

Prueba de ello son esas 2 prioridades y esas 7 líneas de acción que hemos construido con la representatividad de toda esta Iglesia Diocesana.

¿En qué o cómo puede influir el Plan?

Por ejemplo cuando digo: ¿Cómo me pide trabajar el Proceso Diocesano y me acuerdo?:

1.-  Propiciar el encuentro personal con Cristo vivo en todas las instancias y tareas pastorales, claro que han de cambiar muchos los modos, lo que debe ocupar el primer lugar. Esto debo buscar en cada gesto y acto sacerdotal con el pueblo de Dios.

Cuando digo y recuerdo:

2.- Asumir la espiritualidad de comunión como cimiento e inspiración de toda acción pastoral, entonces va ser muy hermoso sentir el apoyo de toda una comunidad eclesial, claro que cambia mucho la perspectiva, el modo, la actitud y, por lo tanto el fruto, el resultado, no ex opere operato, no en cuanto a lo teologal, en cuanto a la esencia del sacramento o ministerio, más o menos eso.

Cuando al tratar a las personas, organizar a los fieles recuerde que he de:

3.- Asegurar la creación y el fortalecimiento de espacios y procesos de formación integral, entonces recuerdo que mi actividad es trascendente, que no es sólo circunstancial, pasajera, dominical, no, es para dejar huella, para establecer.

Así mismo cuando laborando pastoralmente, dando los temas presacramentales considere que debo:

4.-. Situar y asumir toda acción evangelizadora en el marco de nuestro proceso pastoral, debo sentir que cada esfuerzo es un granito de arena en el avance de esta gran familia diocesana, y que la Iglesia tiene rumbo y sentido en su actuar.

Cuando ejerza mi servicio parroquial a la comunidad y me acurde que hemos elegido:

5.-  Asumir el compromiso de solidaridad y salida a las periferias en el espíritu del discípulo misionero, me he de sentir que voy siguiendo unas huellas, las de Jesús y que tengo una misión como aquellos primeros discípulos.

Y cuando prepare y ejerza la trasmisión del mensaje tendré en cuenta que se trata de:

6.- Anunciar a Jesucristo y su Evangelio con un lenguaje comprensible, testimonial y significativo a los hombres y mujeres de hoy, y eso me motiva a buscar modos, a actualizarme, a renovarme.

Y luego cuando trabaje con los fieles o, como laico, ejerza mi ministerio con los hermanos y recuerde que he de:

7.- Impulsar el protagonismo de los laicos en la transformación evangélica de la sociedad y su participación en la Iglesia, sentiré la riqueza de dones y carismas que Dios reparte a manos llenas en su Iglesia.

Este es un valioso paquete que da pinceladas al rostro de la Iglesia, en mis manos está esa transformación. El Plan es amigo, el Plan ha de ir con cada uno, con cada comunidad.