Mar-Abr-2014

10 Jn23 y JP2 ejemplos de vida

SAN JUAN XXIII Y SAN JUAN PABLO II
EJEMPLOS DE VIDA
PARA LOS SACERDOTES HOY

El ejemplo de San Juan XXIII

Para nosotros sacerdotes del III milenio, es de suma importancia redescubrir la actualidad del Papa Juan XXIII. El motivo radica en que Angelo Giuseppe Roncalli dio un significativo sentido pastoral a cada encargo que desempeñó hasta adaptar a sí mismo y con el Evangelio el llevar a la mano en la liturgia de los varios países en los cuales trabajó. Y vaya que tuvo muchas encomiendas antes de ser elegido Sumo Pontífice.

Fue diplomático, al servicio de la Santa Sede, por 20 años, antes como Delegado Apostólico en Bulgaria y Turquía, después como Nuncio en Francia. Dejó la diplomacia por el patriarcado de Venecia y después con la muerte de Pío XII permaneció en Roma por un pontificado que dio un grande avance a la Iglesia en el mundo, aún cuando ya tenía la edad de 77 años.

Apenas llegado a Bulgaria su primer intervención fue el visitar (los viajes búlgaros en los cuales estaban presentes las comunidades católicas de rito oriental); después promovió la formación del clero local y consagró al primer obispo búlgaro; luego fundó el seminario a pesar de haber encontrado muchos problemas por la política local y también por la resistencia en las órdenes religiosas.

Después de 10 años en Bulgaria fue transferido en Turquía e inmediatamente evitó el imponer usos y costumbres diversas a las locales, orientándose por una diplomacia especial, pastoral que expresó con tanta amabilidad y humildad. En lo que respecta a valores con la Iglesia turca, inmediatamente sustituyó en el culto, el uso de la lengua francesa con aquella turca, suscitando las protestas de la diplomacia francesa, hacia la Santa Sede. Muchas veces en el gran tesoro que nos dejó en el “Diario del Alma”, citaba cuanto amaba a los turcos.

Después de Turquía trabajó mucho en Francia visitando y participando en las iniciativas eclesiales en casi todas las diócesis francesas. Con su estilo humilde y misericordioso arriesgó a mantener buenas relaciones diplomáticas frecuentando sobre todo las personas con tantas invitaciones a cenar. Podemos definir su trabajo como una diplomacia del “corazón” porque supo entrar en sintonía con los problemas locales llevando a solución también aquellos espinosos; especialmente poniendo al desnudo las acciones de los obispos colaboracionistas. En fin, fue el brazo de hierro entre la Santa Sede y el general De Gaulle, que quería “pensionar” a los obispos franceses considerados cercanos al gobierno colaboracionista de Vichy, guíado por el mariscal Philippe Pétain. Mons. Roncalli intervino con grande diplomacia manifestando humildad y concreción para endulzar al presidente: inicialmente De Gaulle pedía la destitución de 25 prelados, entre los cuales 3 cardenales; en enero de 1945 la lista se redujo a 16 nombres, y finalmente, en julio de aquel mismo año, los prelados que vienen con discreción destituidos terminaron por ser solamente siete.

Pero es en Venecia, de donde fue Patriarca del 1953 a 1958, que Roncalli pudo ejercitar efectiva y directamente su ministerio episcopal. El modelo de su acción pastoral se servía basado en dos instrumentos fundamentales a disposición del obispo: la visita pastoral y el Sínodo. Y en 1957 se celebró el Sínodo diocesano después de concluir la fase de las tantas visitas que logró hacer en todas las parroquias.

Y cuando fue elegido Sumo Pontífice en Roma, se propuso sucesivamente mostrando tener claridad desde el principio, en la necesidad de manifestar la acción internacional del Papa con aquella pastoral del hombre que se encuentra cercano a cada situación existencial.

No concibió nunca la idea de un Papa que no haya sido también efectivamente obispo, bien enraizado en el ministerio pastoral.

Y en su primera aparición en San Juan de Letrán, apenas a un mes después de la elección como Sumo Pontífice, tomó posesión oficial de la catedral, restaurando un rito que no se realizaba desde mucho tiempo. Gran simpatía recibida por la multitud durante su recorrido en automóvil desde la Basílica de San Pedro hasta la Catedral de San Juan de Letrán, inspirando a la multitud reunida por las calles, gran emoción. En su “Diario del Alma” escribe que aquello fue “uno de los días más bellos de su vida”; y en su discurso desde el altar, habló de lo esencial de la doctrina cristiana, el libro de la Palabra y el cáliz, declarando de haber venido “sobre todo como pastor”.

Uno de sus primeros encuentros en el Vaticano fue dedicado a los párrocos romanos y en el coloquio tocó temas de carácter pastoral hasta descender en los mínimos detalles de la acción cotidiana entre la gente.

Son de destacar también las visitas a los niños enfermos del Hospital Bambin Gesu’ y a los encarcelados del Regina Coeli: donde el Papa entró en sintonía con la inocencia de los más pequeños y, al mismo tiempo, se manifestó como el hombre del perdón y de la reconciliación en el contacto con los encarcelados.

Su específica novedad en la ciudad de Roma fue el Sínodo que logró involucrar a todas las parroquias indistintamente. Los resultados después de varias consultas manaron propiamente de carácter pastoral; en particular intervino en el celo pastoral de los párrocos hacia las celebraciones litúrgicas y en el estilo de fraternidad dentro del clero.

Pero su más grande obra pastoral que revolucionó a la Iglesia en el mundo entero fue la celebración del Concilio Vaticano II como una Asamblea Internacional, que por primera vez en la historia de la Iglesia se situaba en la línea de la “puesta al día” en lo pastoral. Más allá de las formas jurídicas, su sucesor, el Papa Pablo VI, supo mantener el estilo y los contenidos expresados por Juan XXIII y los documentos que se manifestaron claramente por una iglesia abierta al mundo y al diálogo con las diferentes culturas.

El ejemplo de San Juan Pablo II

En la misma línea, pero en tiempos diversos, siempre de inspiración pastoral se manifestó el pontificado de Juan Pablo II.

Fue elegido Papa el 22 de octubre de 1978 y el 22 de octubre dio inicio su ministerio como Pastor Universal de la Iglesia.

El Papa Juan Pablo II realizó 146 visitas pastorales en Italia y, como obispo de Roma visitó 317, de las 332 parroquias romanas. Los viajes apostólicos en el mundo, expresión constante de la solicitud pastoral del Sucesor de Pedro para todas las Iglesias, fueron 104.

Entre sus documentos principales se encuentran 14 Encíclicas, 15 Exhortaciones Apostólicas, 11 Constituciones Apostólicas y 45 Cartas Apostólicas. En cada uno de sus escritos relevantes, aparece su identidad como Pontífice y misionero juntos, como persona atenta a las relevancias pastorales de la vida de los pueblos.

Uno de los momentos más fuertes de sus primeros años de pontificado fue el atentado en la Plaza de San Pedro, donde también yo, junto con mis amigos seminaristas estaba presente ese día miércoles 13 de mayo de 1981: día de gran sufrimiento y de gran desesperación porque en un primer momento entre la multitud se había difundido la noticia que el Papa había muerto; luego pasaron las horas y lentamente llegaron noticias que afirmaban que el Papa solo había sido gravemente herido. Nos quedamos hasta tarde orando en la Plaza de San Pedro ese día; mucha gente permaneció de rodillas recitando el Rosario a la Virgen. Permanecimos hasta tarde e impregnados de mucha sugestión nuestras almas, en el momento en el que tres patriarcas ortodoxos salían por las escaleras de frente a la Basílica de San Pedro: era el signo de un grande ecumenismo que había iniciado con el Concilio Vaticano II, y se había concretizado en el signo de la Cruz de Cristo expresada en la carne martirizada del Sumo Pontífice. Salvado por la mano materna de la Madre de Dios, después de una larga hospitalización, perdonó a su agresor y, consciente de haber recibido una nueva vida, intensificó sus compromisos pastorales con heroica generosidad.

Su solicitud como Pastor encontró expresión, también en la erección de numerosas diócesis y circunscripciones eclesiásticas, en la promulgación de los Códigos de Derecho Canónico latino y de las Iglesias Orientales, del Catecismo de la Iglesia Católica, proponiendo al Pueblo de Dios, momentos de particular intensidad espiritual celebrada en el Año de la Redención, en el Año Mariano y en el Año de la Eucaristía y en el Gran Jubileo del 2000. Se acercó a las nuevas generaciones por la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud.

Ningún Papa ha encontrado a tantas personas como Juan Pablo II. En las Audiencias Generales de los miércoles (más de 1160) participaron más de 17 millones seis cientos mil peregrinos, sin contar todas las otras audiencias especiales y las ceremonias religiosas (más de 8 millones de peregrinos solo durante el Gran Jubileo del año 2000). Encontró a millones de fieles en el transcurso de las visitas pastorales en Italia y en el mundo. Han sido numerosas las personalidades gobernativas recibidas en audiencia: basta recordar las 38 visitas oficiales y las otras 738 audiencias o encuentros con Jefes de Estado, como también las 246 audiencias y encuentros con los Primeros Ministros.

Para dar relevancia al magisterio de Juan Pablo II, por la actualidad al carisma sacerdotal en su dimensión pastoral en la vida de la Iglesia hoy, quiero detenerme uno de sus libros, publicado el mes de octubre de 1994, titulado “Cruzando el umbral de la esperanza”. Es un ensayo escrito por el Papa polaco y por el escritor y periodista italiano Vittorio Messori. El libro ha sido traducido en 53 lenguas. Existen respuestas excepcionales del Papa a las preguntas formuladas por Vittorio Messori. Y se tratan argumentos tales como: las bases de la fe, la relación con las otras religiones, el futuro del Evangelio, la Nueva Evangelización. Otro elemento clave son los males del mundo (guerras, carestías, injusticias sociales, etc.) y las motivaciones teológicas por las cuales tales hechos suceden.

Ejemplos de gran relevancia pastoral

Tanto Juan XXIII como Juan Pablo II, son aún para nosotros sacerdotes, de gran relevancia pastoral.

Con su magisterio eclesiástico nos ayudan a entender como hoy no sea posible vivir tranquilos ante el así denominado: derrumbe de ideologías y la dispersión de ídolos, sin valores alternativos; ni se puede avanzar respirando vacíos del alma.

Gran conocedor del ánimo humano, Dostoevskij afirmaba: “Toda la ley de la existencia humana consiste en lo que el hombre pueda inclinarse siempre ante lo infinitamente grande. Si a los hombres se les privara de lo infinitamente grande, no podrían vivir más y morirían presas de la desesperación. Lo desmesurado y lo infinito es indispensable al hombre, como aquel pequeño planeta sobre el cual él habita”.

De “lo infinitamente grande”, es decir de Dios, sea Juan XXIII, sea Juan Pablo II se han presentado a nosotros como testigos alegres y entusiastas. Nos lo demuestran en la urgencia y la presencia de los dos pontífices en las diversas situaciones que vivieron y afrontaron; nos lo indica el potencial que encierran en sus enseñanzas en sus varias encíclicas para construir la persona y la sociedad hasta revelar el misterio.

Hoy queremos creer que el éxito de cruzar el umbral de la esperanza en cada situación buena o mala que se busque hoy, sobre todo por nosotros sacerdotes, en la dirección de estos dos campeones de la fe canonizados el 27 de abril del año en curso y, por lo tanto, elevados al honor de los altares. Yo por ejemplo en el presbiterio de una de las dos parroquias que se me han confiado ya he colocado un retrato de Juan Pablo II.

Finalmente hay una última consideración por hacer: los dos pontífices supieron proponer la doctrina de la Iglesia, sobre todo del Vaticano II, expuesta ampliamente en sus varias encíclicas; y la manera de exponerlo fue del todo nueva: no más los tonos altos del Magisterio, sino una forma coloquial, de pregunta y respuesta, en estilo simple e inmediato. Originales han sido en responder y preguntar en lo que respecta a su vida personal, su manera de orar y de oír, su postura ante los problemas que presionan a la Iglesia y a la sociedad. Y de todo lo que hoy nosotros estamos ciertos porque son enseñanzas que ellos nos han dejado y hemos evidenciado que todo cuanto ha sido por nosotros considerado haya sido también marcado por las experiencias de su pontificado.

 

(Traducción del italiano al español
por Héctor López Alvarado Pbro.)